AL VUELO-Cuba

AL VUELO-Cuba

Por Pegaso

Los mexicanos queremos mucho a los cubanos. Nos han dado aquel jocoso programa de radio llamado La Tremenda Corte, con Trespatines, Rudecindo, Nananina y el Señor Juez y nosotros, desde entonces, les hemos regalado petróleo.
Recientemente, un cubano que vivía en un barrio residencial de Cancún agredió a un mexicano que pasaba por enfrente de su casa cuando éste le reclamó tras haber sido mordido por su perro. El asunto se hizo viral y en poco tiempo se armó todo un relajo, donde cientos de enardecidos compatriotas nuestros llegaron hasta la vivienda y casi la destruyeron con piedras, palos y golpes de karate.
Como respuesta, los pocos cubanos que tienen acceso a Internet llamaron a tratar a los mexicanos que van a Cuba como ellos trataron al energúmeno de Cancún, y luego, en esa misma ciudad, una bailarina exótica del país caribeño quemó la bandera de México y subió el video a las redes sociales, como si fuera un chiste o como si se tratara de vengar una gran afrenta.
Yo pienso que no es para tanto, porque ni todos los mexicanos somos unos vándalos ni todos los cubanos son ingratos.
El cubano es guapachoso, alegre y zandunguero.
Dice un chiste que en cierta ocasión estaba Fidel Castro dando un discurso en la Plaza de la Revolución e hizo el siguiente anuncio: “Hermano’ cubano’: A partir de hoy vamo’ a prohibir el consumo de ron, porque es el único producto que exportamos. Además, somos un pueblo muy alegre y de todo queremos hacer música.
-¡Noooo! Fidel-se escuchó el grito unánime.
-También vamo’ a prohibir las guitarras.
-¡Noooo, Fidel!-se oyó un nuevo clamor.
-Y vamos a prohibir los güiros.
-¡Noooo, Fidel!
-Y también vamo’ a prohibir los bongós…
-¿Qué qué?-Le contestaron, porque no entendieron bien.
-¡Que vamo’ a prohibir los bongós!
-¿Qué qué?
-¡Que vamo’ a prohibir los bongós!
-¿Qué qué?
-¡Que vamo’ a prohibir los bongós! (Favor de leer a ritmo de guaracha).
Resulta que un cubano logró llegar a Miami ¡dentro de una lata de atún!
Asombrados, los periodistas le preguntaron cómo es que había podido introducirse en aquel reducido recipiente y el cubano les contestó: “Deja tú, chico. Lo difícil no fue meterme en la lata de atún. Lo difícil fue conseguir la lata”.
En un barco que zarpó de La Habana con destino a Buenos Aires iba un perro cubano.
Al llegar al muelle, el can se bajó y lo recibieron varios perros argentinos.
-¡Mirá, pibe! Es un perro cubano-dijo uno de ellos. ¿Es verdad que vos no tenés pulgas, che?
-Claro que no, chico-le contestó el cuadrúpedo isleño. En Cuba el gobierno tiene un sistema de salud buenísimo y lo’ perro’ en mi país no tenemo’ pulgas.
-¿Y también sabés leer, cojonudo?-siguió el interrogatorio.
-¡Claro!-contestó el visitante. En Cuba, desde cachorritos, a todos los perros nos enseñan a leer y a escribir.
-¿Y coméis bien?
-Bueno, no siempre hay huesos, pero nunca pasamos hambre.
Asombrados, los chuchos argentinos le preguntaron a coro: “Y si estás tan bien, ¿por qué te fuiste de Cuba, ché boludo?
-¡Ahhhh! Contestó con desgano el perro cubano. Es que de repente me dieron ganas de ladrar.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “¡Objeto con mayor volumen, pequeño!” (¡Cosa má’ grande, chico!)

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *