Más de mil fieles peregrinan con esperanza a la Basílica de Guadalupe

Más de mil fieles peregrinan con esperanza a la Basílica de Guadalupe

Ciudad de México. La Diócesis de Matamoros-Reynosa realizó su peregrinación anual a la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, en la Ciudad de México. Más de mil peregrinos, procedentes de los ocho municipios que integran el territorio diocesano, participaron con alegría, fe y devoción en este encuentro a los pies de la Morenita del Tepeyac.

La celebración eucarística fue presidida por Mons. Eugenio Andrés Lira Rugarcía, obispo de Matamoros-Reynosa, y concelebrada por numerosos sacerdotes de la diócesis.

Durante su homilía, Mons. Lira recordó que, ante las difíciles situaciones que atraviesan nuestras familias y comunidades, necesitamos acudir con confianza a la Virgen María: «Necesitamos de la Virgencita, sobre todo hoy, ante la violencia, los desaparecidos, las injusticias, el dolor y el desaliento. Frente a todo esto, ella nos dice: “En mí está la esperanza de vida”».

El Obispo destacó que María se apresura a llevarnos a Jesús: «Madre, es a Jesús a quien te apresuras a traernos». Él es quien nos hace saltar de alegría y nos permite reconocer que, pase lo que pase, al final, con Dios, todo saldrá bien.

Asimismo, explicó que la paz que Jesús ofrece no es solamente un estado de ánimo, sino la certeza de que Dios permanece con nosotros. Esa paz nos da la fuerza necesaria para trabajar por un mundo mejor, comenzando en nuestros hogares y extendiéndose a todos los ambientes en los que transcurre nuestra vida.

Finalmente, Mons. Lira elevó una plegaria a Santa María de Guadalupe:

«Madrecita, ayúdanos a que, contigo y como tú, creamos en Dios, sabiendo que cumplirá lo que nos ha prometido. Virgencita de Guadalupe, intercede por nosotros para que el Padre, por medio de su Hijo Jesucristo, nos envíe al Espíritu Santo; para que no perdamos el tiempo y vivamos bien la vida, amando y haciendo el bien al prójimo, compartiendo con todos su paz».

La peregrinación fue una expresión viva de comunión diocesana y una oportunidad para poner ante la Virgen de Guadalupe las alegrías, necesidades y esperanzas de las comunidades del norte de Tamaulipas. Fortalecidos por la Eucaristía y bajo la mirada amorosa de nuestra Madre, los peregrinos regresan con el compromiso de ser constructores y portadores de la paz de Cristo en sus familias y comunidades.
P Mario Correa/ corresponsal

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