Por Marcos Olivares
LA RUTA HACIA LA EXCELENCIA
Desde hace algún tiempo no muy lejano (más de 2 años) me preguntaba constantemente como se logra la excelencia. Desde luego inicié una jornada de investigación y análisis para dar con ella. No fue fácil. Aunque hay mucha información no lograba estructurar una fórmula que me convenciera que esta fuese la mejor.
Creo que ya encontré el concepto que me convence, la resumí en una frase sencilla pero de gran contenido:
“La excelencia no es improvisación, es un hábito”
Para alcanzarla, se requiere estructurarla en cuatro fases:
1.- EL DESTINO
Si no sabes exactamente a donde se dirige tu visión, la excelencia no se asomará en tu camino.
Es importante la definición de este concepto, de aquí partes a buen puerto. Hay que definir con mucha precisión qué es lo que quieres lograr, define como quieres estar en los próximos años,
“¿Como te quieres ver en el corto, mediano y largo plazo?”
Define modelos de acciones, no metas: Las metas tienen un punto final, define un sistema de qué harás periódicamente. Estos son hábitos que conllevan disciplina.
2.- EL SISTEMA
Trabaja en el instrumento que produce resultados. Los ganadores y los perdedores tienen las mismas metas; lo que los diferencia son sus sistemas.
Para ser excelente necesitas trabajar en el límite de tus capacidades actuales, identificar tus desaciertos con precisión y corregirlos inmediatamente.
Diseña bloques de tiempo innegociables en tu agenda dedicados exclusivamente a tu trabajo más importante (lo que en productividad se le conoce como Deep Work o trabajo profundo). Protege esas horas de cualquier distracción.
3.- LA EJECUCIÓN
Aquí es donde la disciplina y la consistencia que mencionábamos antes se ponen a prueba. El camino a la excelencia se pavimenta con pequeñas ventajas acumuladas.
La teoría de las ganancias marginales: Si mejoras solo un 1% en cada acción o actividad del programa, pronto tendrás un porcentaje de avance importante, esto es producto del cumplimiento estricto del sistema.
Estructurar el programa en pequeños fragmentos de tiempo y espacio, bajo estricta disciplina y compromiso, podremos decir que se a llegado a poco más de la mitad del camino.
4.- EL FEEDBACK Y EL CONTROL DE CALIDAD
Finalmente para lograr alcanzar la meta de la Excelencia, se requiere medir resultados. Para eso es importante escuchar a los involucrados, al equipo, realizar pruebas con posibles usuarios o clientes, ellos son los mejores expertos que le dan sentido a la verdad; el aplauso crea ambientes inciertos y equivocados al proyecto de la excelencia.
Como parte del proceso de mejora contínua, hay que practicar revisiones periódicas para conocer qué funcionó y qué requiere rediseñar, dónde estuvieron las fallas y determinar los ajustes, para no solamente corregir, sino mejorar el sistema o el proyecto.
No se debe medir si no se tiene una metodología que induzca a resultados de mejora.
Hay que medir de acuerdo al diseño original, y detectar las fallas de los procesos y del sistema mismo.
Seguramente el avance de la tecnología principalmente impulse a mantener un proceso estricto de vigilancia para modificar cambios desde la definición del destino, hasta la propia metodología que asegure que el nivel de excelencia se mantenga y tenga posibilidades incluso de mejorar.
Existen muchos factores que pueden influir en este proceso, pero a mi juicio, estos son el cimiento del proceso de alcanzar la Excelencia.
Referencias: 1. Aristóteles 2. James Clear (Hábitos atómicos) 3. Cal Newport (Deep Work) 4. Dave Brailsford (Teoría de la Agregación de ganancias marginales).
MARCOS OLIVARES
15 de agosto 2026

