Por Jesús Rivera
Reynosa, Tamaulipas. Al grito de ”¡Únete, únete, que tú hijo puede ser!”, una veintena de personas hicieron mano cadena en el bulevar Hidalgo, a la altura del monumento de PEMEX donde ayer fueron asesinadas dos personas: Un hombre y una joven estudiante de universidad.
Portando pancartas con las fotos de las víctimas, se apestan a realizar una marcha de protesta a lo largo de esa importante vialidad.
En Reynosa, los últimos acontecimientos han cimbrado a la sociedad en su conjunto por la saña extrema con que actúan los criminales.
Primero, le quitaron la vida a un instructor de fitness por resistirse a pagar el cobro de piso a la delincuencia organizada.
Después, el horror de un asesinato a sangre fría, con premeditación, alevosía y ventaja: Un hombre decapitó a su pareja sentimental en el interior del restaurante donde ambos trabajaban.
Ayer, cuando toda la ciudad se disponía a celebrar el Día del Niño, las ráfagas de las armas de alto poder hirieron el aire y otra persona cayó abatida por negarse a pagar la cuota exigida. Y como daño colateral, una jovencita, casi una niña perdió la vida por estar en el lugar y en el momento equivocado.
Pero, ¿dónde en Reynosa hay un lugar o instante que no sea equivocado?
Cuando parece que nos acostumbramos a una barbaridad, surge otra situación aún más espeluznante.
Ante la inmovilidad de las autoridades, los ciudadanos optan por salir a las calles y hacer visible su indignación.

