Por Pegaso
Es cada vez más frecuente escuchar de labios de las bellas, candorosas y angelicales mujercitas una palabra que empezó a usarse para describir la cuerda atada en el mástil de un barco, luego se utilizó como un vulgarismo para referirse al órgano sexual masculino y actualmente está en boca de muchas (sin albur).
Me cuesta trabajo pensar cómo fue que pasó de ser una palabra exclusiva de marineros, a convertirse en un término multiusos.
Porque actualmente sirve para decirle a alguien de manera despectiva que se retire lejos de nosotros pero también sustituye a las siguientes oraciones:
-¡Vete a la porra!
-¡Te voy a agarrar a golpes!
-¿Te crees muy valiente?
O como aquella frase de Don Ramón cuando se dirige al Señor Barriga: “¡Ya valió Barriga, señor v…”
Esas son solo algunas de las muchas aplicaciones que ahora tiene esa palabreja vulgar, cuyo uso se normaliza cada vez más.
Hasta ahora solo la he escuchado de mujeres adultas y jovencitas vulgares, tatuadas ellas, de la más baja estofa social. Pero en los últimos años ha crecido de manera preocupante la tendencia entre las gráciles féminas de las clases medias y altas, como si fuera una epidemia que va creciendo incontrolablemente.
Miren. No me escandalizo por eso. Los hombres desde siempre la hemos utilizado en nuestras pláticas de amigos.
Dejó de ser de uso exclusivo de los varones cuando los compositores del llamado estilo de música regional mexicana (tumbadas y beliconas) la incluyeron en sus letras, porque a su vez, es parte del lenguaje procaz de los delincuentes.
Lo que a mí, personalmente no me gusta es que las bellas, candorosas y angelicales mujercitas la mencionen a cada rato. No se les oye bien. Las vulgariza y las vuelve parte de la gentuza.
-¡Pues a mí me vale v#/”ga lo que pienses”-se asoma a la columna una de esas angelicales criaturitas del señor.
Pero, pero habiendo tantas expresiones menos prosaicas que esas…
Por ejemplo, yo les diría: “Miren, niñas, en lugar de decir: “¡Vete a la v#/”ga!” digan: “¡Procede a retirarte al miembro viril!”
¿Ya ven? ¡Qué diferencia! Así hasta da gusto escucharlo de sus dulces labios.
Yo me acuerdo que en los años de nuestros padres, cuando algún chamaco decía una mentirilla o alguna mala palabra, los abuelos agarraban una brasa del fogón y se la untaban en la jeta.
Al menos durante los siguientes dos o tres meses ya no le daban ganas de incurrir en tal comportamiento.
Pero los tiempos cambian. Habrá a quienes les guste que las chicas digan esas cosas, habrá a quienes no y también habrá los que son indiferentes.
Lo cierto es que ya lo estamos viendo. Ya está con nosotros esa nueva forma de hablar y de relacionarse con los demás. Estoy hablando de las mujeres, porque entre los hombres es una expresión tan natural, como respirar.
Viene el refrán estilo Pegaso: “¿Y con tal cavidad bucal ingieres tus alimentos?” (¿Y con esa boquita comes?)

