Por Pegaso
Yo, si hubiera sido Andy, le hubiera mostrado al Trompas mi mano derecha extendida hacia el frente con los dedos doblados, a excepción del cordial y le hubiera dicho: “Introdúcete tu documento por el recto” (para que no se oiga tan feo si hubiera dicho: “¡Métete tu visa por el culo!”
El anuncio que hizo esta semana el gobierno gringo sobre el retiro de la visa al hijazo de su vidaza del expejidente ALMO tomó magnitudes de escándalo, porque él mismo se encargó de confirmarlo y luego actuar de manera visceral pidiendo a El Trompas que echara a patadas al Embajador de su país en Mexicalpan de las Tunas.
No tiene chiste, Andy. Después del gesto anteriormente referido, bien podrías haber dicho que te vale gorro que te hayan quitado la visa, porque te importa un pepino viajar hacia ese país decadente, neoliberal y de ultraderecha, donde todo es consumismo, lujo y derroche que ofende la vista de los pobres a los que te debes.
Hay mundo por recorrer. Ahí tienes Japón, Europa o Dubai, por ejemplo. No todo es Gringolandia.
En un régimen donde es preferible ser pobre, está por demás codearse con los güeros pelos de elote, que solo piensan en ganar dólares y enriquecerse asquerosamente.
No. Ni tú ni yo necesitamos ir al vecino país. Yo tengo más de tres años que no pongo pie en McAllen, que es donde acostumbraba a ir con la familia.
El último recuerdo que tengo de la Isla del Padre es un viajecito en lancha para ver los delfines, allá por el 2008 o 2009.
No niego que me encanta ir a los bufetes de comida. Ya me tenían miedo los dueños del Lubby’s, Golden Corral o el Crazy’s, porque yo sí que desquitaba los quince dolaritos.
Pero fuera de eso, ir al otro lado no me causaba ningún entusiasmo.
Para empezar, todos los gringos están más locos que una cabra. Si uno de tus chamacos se porta mal y le das una nalgada, cualquiera de ellos te puede echar a la policía y ésta te llevará a una corte, donde tienes que pagar una fortuna solo por querer corregir a la bendición.
Otra. Si le avientas un piropo a una güerita de buen ver, te puede acusar de acoso, nuevamente irás a corte y ahí te pedirá una abultada cantidad porque le causaste un trauma de por vida y requiere tratamiento médico especializado.
Allá, como he dicho en múltiples ocasiones, todos o casi todos le entran a su yerbita o a su polvito porque ese es el estilo de vida americano.
El jefe de familia llega de su trabajo y lo primero que hace es buscar en la alacena su ración de marihuana o su sobrecito de coca que ha conseguido con su dealer de confianza. Sentado en su terraza, procede a liar un cigarrillo o a encender su pipa. Luego empieza a inhalar o snifear con fruición aquel contenido rico en canabinoles, abrazado de su esposa, quien también se echa sus toquecitos.
Pasa el patrullero por la calle y en lugar de arrestarlos, los saluda amablemente y continúa con su recorrido.
¿Ves de lo que te has salvado, Andy?
¡Mándalos por un tubo! Que te valga madres.
Mejor ponte a seguir trabajando por los pobres como solo tú sabes hacerlo. Sigue los pasos de tu señor padre y pronto serás el candidato que México necesita.
Para el 2030, cuando hayas ganado con el 98% de la votación (el otro 2% serían votos nulos), México entrará en un período de Pax Andyana y será envidiado incluso por los países más desarrollados y con mayor nivel de bienestar de su población, como Suecia, Suiza o Luxemburgo.
Una vez que ya estés sentado en Palacio Nacional, instrumenta programas de alto impacto para los más pobres. Sube el salario mínimo a 2,500 pesos diarios, refuerza el sistema de pensiones y entrega por lo menos 50 mil pesos mensuales a los abuelitos y ninis y ya verás cómo te van a querer todos ellos.
No te quedes con las ganas de hacer historia y superar a tu viejo. El futuro es tuyo. Anda, ve por él.
El refrán estilo Pegaso dice así: “Vástago de felino, moteadito”. (Hijo de tigre, pintito).

