AL VUELO-Viral

AL VUELO-Viral

Por Pegaso

Si yo me hiciera viral, ¡qué de cosas podría hacer!
Hacerse viral es el sueño de todos los usuarios de las redes sociales.
Cuando logras tus primeras cien mil visualizaciones ¡ni tú te la crees! Es como meter un gol en el Mundial.
Pero hacerse viral una sola vez no sirve de nada. Al rato todo se olvida. Necesitas aprovechar ese primer impulso para subir más contenido que oprima ese botón que activa el morbo y el interés de la gente.
Cuando lo logras, ya te puedes considerar un influencer, porque el contenido que subas llegará a miles, o tal vez millones de personas que reaccionarán a tus mensajes. Esto lo aprovechan las empresas de autos, de perfumes, de detergente y de comida chatarra para potenciar sus ventas.
Ya como influencer, podrás monetizar tu cuenta de Facebook, Tik Tok, You Tube, X o Instagram. Mientras más rentable seas para las empresas que usan tus plataformas para promocionar sus productos, más ingresos tendrás. Podrás viajar a países que nunca imaginaste, tener vehículos de alta gama, casas, joyas, mujeres… ¡lo que quieras!
Por eso digo que lograr la viralidad es el sueño de todo creador de contenido.
Salir de pobre haciendo lo que te gusta, creo, es lo mejor que a uno le puede ocurrir en el mundo.
Pero, cuidado. No les vaya a pasar lo que a Somasormán.
Somasormán era un campesino muy pobre de La India.
En una ocasión, después de vender la mayor parte de su cosecha de trigo para subsistir durante todo el año, tuvo un pequeño excedente. Lo guardó en una vasija de barro y lo colocó cerquita de su cama para poder verlo mientras dormía.
-Si vendo este trigo en el mercado podré obtener cinco rupias. Con esas cinco rupias compraré más semilla y el año que viene tendré dos vasijas llenas. Luego, por esas dos vasijas me darán diez rupias y seguiré comprando más trigo para sembrar más, y pronto tendré dinero para comprarme una mula.
Y Somasormán seguía pensando:
-Cuando tenga una mula, produciré más trigo. Y con el trigo que me vaya sobrando, tendré para comprar una casa mejor que esta. En unos pocos años podré comprar más tierras, convertirme en un gran productor y ser un hombre rico. Cuando ya sea rico, le pediré a un visir la mano de su hija para casarme. Compraré un palacio y la adornaré de joyas. Pronto me dará un hermoso hijo que se llamará igual que yo…
En ese momento se emocionó tanto que dio una patada a la vasija y todo su contenido fue a dar a la fogata con la que calentaba su humilde hogar.
Así, pues, hay entre los aspirantes a influencer muchos Somasormanes.
Alguien decía, y lo decía con mucha razón: Para soñar, hay que estar bien despierto.
Influencers hay que duran solo algún tiempo y después pasan al panteón del olvido.
Por ejemplo, ¿quién se acuerda de la quinceañera Rubí? A nadie le importa un soberano cacahuate saber qué hizo de su vida.
Lo que a la gente le tocó el botón del morbo fue la fiestototota que organizó su papá, quien, por equivocación, invitó a todo el mundo. El video se viralizó y el pinche rancho de La Joya, San Luis Potosí recibió chorromil gorrones.
Como ese caso hay miles. Las redes sociales no perdonan: Nos pueden glorificar, pero también nos pueden regresar a la triste realidad, si es que no tenemos la habilidad necesaria para aprovechar ese empujón que cualquiera de nosotros podemos tener en cualquier momento y por cualquier estupidez que compartamos.
He dicho.
El refrán estilo Pegaso dice así: “Elabora reconocimiento público y procede a dormitar”. (Crea fama y échate a dormir).

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