Por Pegaso
Un jovenazo que estaba igual de deschavetado que El Trompas se subió a la Pirámide de la Luna, en Teotihuacan y empezó a hacer sacrificios humanos en honor del dios Huitzilopochtli.
Claro que no usó cuchillos de obsidiana, ni las víctimas eran guerreros tlaxcaltecas, sino turistas de varios países que se estaban tomando la selfie en ese hermoso sitio arqueológico.
Después de desvivir (¡y dale con esa estúpida palabra que solo usan los influencers para sustituir a la palabra asesinar, por miedo a que el algoritmo les baje puntos!) a una mujer extranjera y herir a otros turistas, todavía advertía a los restantes: “¡Si os moveis, os mataré!”
Sí, así. Utilizando modismos del español antiguo, ya en desuso.
Y afirmaba que esas estructuras habían sido hechas para sacrificios humanos.
Julio César Jasso Ramírez, de 27 años, tenía todo planeado para realizar su “hazaña”. Escogió la fecha de nacimiento de su ídolo, Hitler, se vistió como uno de los perpetradores de la masacre de Columbine, Estados Unidos, en 1999.
Los policías que llegaron hasta el lugar lo agarraron de tiro al blanco, logrando herirlo en una pierna y momentos después el propio sujeto se suicidó, dejando detrás de sí un caos tremendo y muchas preguntas por contestar.
¿Fue algo preparado para que nadie visite a México durante la Copa del Mundo de futbol? ¿Fue el delirio de un tipo solitario que quiso pasar a la historia cometiendo una atrocidad?
Las autoridades y la prensa de investigación ya trabajan en desenredad las motivaciones de este orate donaldtrumpesco.
Mientras tanto, déjenme decirles que el bestial sacrificio humano que tuvo una gran audiencia y cobertura mediática pretendía ser una parodia de los sacrificios humanos que algunos de los antiguos pueblos del Valle de México, como los aztecas y tlaxcaltecas realizaban periódicamente para pedir a sus dioses que les trajesen lluvias y abundantes cosechas.
En aquellos tiempos se organizaban las llamadas “guerras floridas”, que no tenían como propósito la conquista, sino la obtención de prisioneros para sus sacrificios en los templos dedicados a sus deidades.
Con la llegada de los españoles, aquellas barbaridades dejaron de practicarse, pero pronto aparecieron otras, como la esclavitud y la encomienda. Pero esa ya es otra historia.
Hay que destacar, en este nuevo episodio que estremeció al país, que se presentó en el momento más inoportuno, ahora que México está en el centro de la atención mundial por el campeonato de futbol que se jugará dentro de poco tiempo.
Aparte de la crisis de desaparecidos, masacres y un dominio absoluto de las mafias en todos los rincones del país, se ha lanzado una campaña de desprestigio, por ejemplo, las afirmaciones del astro portugués Cristiano Ronaldo que dijo recientemente que no vendría a México porque temía que lo secuestraran y lo fueran a tirar a un canal de desagüe.
Y mientras tanto, allá, en la ONU, hay quienes abogan por que las desapariciones forzadas en nuestro país sean consideradas Delito de Lesa Humanidad, con responsabilidad para las autoridades que se hacen de la vista gorda ante el avance del crimen organizado.
Y no digo más. Los dejo con el refrán estilo Pegaso que dice así: “No existe mayor discapacitado visual que el individuo que se niega a observar”. (No hay más ciego que el que no quiere ver).

