AL VUELO-Profe

AL VUELO-Profe

Por Pegaso

Un maestro se suicidó como un acto de sacrificio, pero también de rebeldía contra el sistema de justicia que ha eliminado la presunción de inocencia para el hombre, por el solo hecho de ser hombre.
Dejó este plano existencial porque una de sus alumnas lo acusó de abuso sexual, y a partir de ese momento ya no pudo tener tranquilidad, y su vida laboral y personal se fueron al caño.
Las redes sociales lo condenaron aún sin conocer su versión, las madres y padres de familia exigieron su despido y posteriormente, que se presentó la denuncia ante el Ministerio Público.
Pedían que se le encerrara de por vida, que se le enviara a las Islas Marías y que se le aplicara la inyección letal.
Todo eso lo obligó a tomar una trágica decisión: El suicidio.
Por desgracia -y esto va para todos los profes de kínder, primaria, secundaria y prepa- están a merced de lo que digan unas jovencitas que en algunos casos, quieren vengarse porque las reprobaron o simplemente porque el maestro le cae gordo.
Y creyendo que se trata de un juego, no se dan cuenta de las enormes repercusiones legales. Yo sé de maestros profesores que tienen miedo porque han sabido de varios casos similares y ahora, con el caso del suicidio de este mentor, hay tema para debatir y hasta para impulsar modificaciones a la ley, donde el señalado pueda defenderse sin que se le satanice en las redes sociales o con chismes de comadre.
No sé si el maestro que se desvivió fue culpable de lo que se le acusó, pero para llegar al extremo de suicidarse, algo muy duro debió pasar.
Aquí, en Reynosa, pasó un caso parecido hace unos siete u ocho años.
El profe Francisco, que trabajaba en una preparatoria de la colonia Las Fuentes, fue acusado por una chica menor de edad.
Lo primero que hizo el director fue despedirlo. Posteriormente se presentó la denuncia penal y el mundo se derrumbó para él.
Afortunadamente, su familia siempre lo apoyó, pero el caso llegó a las redes sociales y a un grupo de feministas que atizaron el fuego en contra del docente.
Un tiempo después, ya cuando el daño estaba hecho, la supuesta afectada reconoció que había mentido y que todo se trató de una venganza por que le había bajado las calificaciones.
El suicida, llamado Alberto Israel Jasso Cruz, se ha convertido en un mártir para todos los profes varones que se ven reflejados en ese espejo y que exigen que regrese a las leyes el principio de presunción de inocencia.
Antes de irse, en un video que se volvió viral, recomienda a sus pares que no tomen demasiada confianza con sus alumna menores de edad, ni siquiera una sonrisita, mucho menos un inocente toque o una mirada pizpireta.
Todo eso puede ser interpretado como acoso sexual, y si a eso se suma una mala calificación, el caldo está servido para que vuelva a suceder lo mismo, y una nueva vida se irá a la mierda.
Por desgracia, también existe lo opuesto. Es decir, individuos que se aprovechan para saciar sus más bajos instintos.
Es por eso tan importante que la ley se aplique de manera muy puntillosa en estos casos y también que se sancione a las y los estudiantes si es que incurrieron en falsedades. Y si el señalado es culpable, que se le castigue de manera ejemplar.
Una carrera brillante de quince, veinte o más años, no puede ser objeto de juegos. En ocasiones las leyes se vuelven sobreprotectoras para unos, pero descobijan a los otros, sin tomar en cuenta que el espíritu de Constitución es buscar que haya justicia para todos.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso, cortesía del profe Longaniza: (¡Ta, ta, ta, ta, taaaa!)

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