Por Pegaso
A partir de hoy, lunes 1 de septiembre, empieza el pago de la pensión universal. Veremos las kilométricas filas en los cajeros automáticos del Banco de Bienestar de ancianitos que apenas pueden caminar, que tienen que llevar su propia silla, muchos de ellos en muletas o auxiliados por familiares. Se pasarán horas enteras bajo el solazo abrasador con apenas una cachucha mugrosa o un sombrero raído.
Pero también veremos las camionetotas lujosas, las de aquellos que cobran su pensión sin necesitarlo. Ni siquiera se bajan del vehículo, con aire acondicionado, el cual estacionan a unos cuantos metros del cajero. Envían a un empleado a hacer fila y cuando ya les toca, se bajan apoyados en un lustroso bastón, sacan su tarjeta y cobran los 6,400 pesotes que para nada les sirven porque están podridos en dinero.
Pero no nos vayamos a los extremos. Hay gente de todos los niveles socioeconómicos que tienen su pensión universal, gracias a que se elevó a rango constitucional.
Y eso significa que se tiene que pagar a todos los chavorrucos de más de 65 años o chavorrucas de más de 60. No es que nadie se los de. Son nuestros impuestos que se devuelven, se supone, a un sector de la población que ya trabajó y que merece vivir una vejez digna.
En países avanzados, como Estados Unidos, Japón y parte de Europa, las pensiones que entrega el gobierno no son un escupitajo. Estamos hablando que una persona de más de 60 años ya puede pasar el resto de su vida jugando golf o viajando por todo el país sin necesidad de trabajar. El ingreso que obtiene, traducido a pesos, sería algo así como 80 o 100 mil mensuales, el más jodido.
En México, a pesar del avance que significa la pensión universal, el sistema de retiro está en pañales.
Si fuiste trabajador y estás a punto de retirarte, hay modalidades como la 40 u otras, que pueden darte 30 o 40 mil pesos mensuales, pero para eso tienes que aportar varios años antes una cantidad estratosférica, del orden de los 6, 8 o 12 mil pesos mensuales. ¿Y de dónde los vas a sacar, si apenas tienes para comer?
Pero sí hay gente que lo hace, que tienen actualmente buenos empleos y puede considerarse de clase media alta.
Volviendo al tema de la pensión universal, yo creo que los millonarios, profesionistas o personas que no tienen necesidad, deben renunciar a ella por solidaridad, por empatía o de perdida, por un poco de dignidad.
Déjensela a personas que realmente lo necesitan. Hace años me decía una señora popofona, cuando apenas estaban anunciando la pensión: “Mire, me ofrecen tanto mensual por parte del gobierno. ¿Cómo le puedo hacer para registrarme?” Mi contestación fue: “Señora, usted tiene buena casa, buenos carros, su esposo es profesionista y gana muy bien. Déjeselo a la gente que verdaderamente lo necesita”.
Y sí. Sigue siendo mi recomendación para aquellos que, sin tener necesidad de ese dinero, que lo deje a los más jodidos. Fue un gran error hacerlo universal. Debió ser mediante un estudio socioeconómico, porque aún así, los viejitos de clase baja lo usan para comprar sus medicinas, cuando las instituciones públicas de salud deben entregarlas gratis. Entonces, ¿dónde está el beneficio?
En otras muchas ocasiones, cuando les llega la pensión a los viejones, inmediatamente salen los nietos a pedirles dinero para comprar un videojuego o irse de antro. En el transcurso de los dos meses anteriores, nunca los ven, pero cuando les llega la pensión ahí andan todos melosos con el abuelo para que les dé dinero.
Así, pues. Viejones que están forrados de lana y siguen cobrando su pensión, vayan y sáquenla del cajero (no quieren gastarse 30 pesos que cobran de comisión los cajeros privados), después diríjanse a una colonia de las goteras de la ciudad, donde solo hay calles de terracería y las casas desvencijadas se están cayendo. Busque la vivienda más jodida, toque la puerta y entregue, sin hacer preguntas ni nada, los 6,400 del águila al anciano o anciana que salga a recibirlo. A los dos meses siguientes, haga lo mismo en otra colonia y así, sucesivamente. Que esa lana sirva para algo. No los sacará de jodidos, pero al menos tendrán algo decente para comer esa semana o irse al tianguis a comprarse ropa de segunda.
(¡Híjole! Creo que les caerá el saco a algunos).
El refrán estilo Pegaso, según Mateo, dice así: “Es más factible que un camélido transite a través de la cavidad de un pincho que un acaudalado trascienda al ámbito divino”. (Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de Dios).

