AL VUELO-Militarizadas

AL VUELO-Militarizadas

Por Pegaso

La Secretaría de Educación Pública ya retiró la modalidad de escuela militarizada en todo el territorio nacional.

Lo hizo luego de conocerse el caso de una adolescente llamada Dafne Zapata, quien falleció por inmersión en un campamento de una academia de ese tipo, en Ciudad Madero, Tamaulipas.

Como siempre, muerto el niño se tapa el hoyo, y es por eso que a partir de ahora ninguna escuela, colegio o institución educativa puede llevar el título de “militarizada”.

Como resultado, las que había procedieron a eliminar de sus documentos y rótulos la citada palabreja, porque esta les daba a los sádicos instructores el poder de torturar a sus pupilos sin que nadie dijera nada.

Hasta que hubo una víctima.

Se entiende que todo adiestramiento militar implica rutinas físicas extremas para hacer del cuerpo una máquina de resistencia.

Los soldados en los cuarteles llegan a convertirse en verdaderas armas, expertos en lucha cuerpo a cuerpo y en el manejo de artefactos letales.

Nunca me expliqué yo cuál era el propósito, por ejemplo, de una academia o preparatoria militarizada. Posiblemente preparar a los nuevos reclutas del ejército.

Muchas veces pensé que los chamacos saldrían de ahí preparados pero para ser futuros miembros del crimen organizado, aprovechando su adiestramiento militar.

Eso me hizo recordar una encuesta que estudiantes de Criminología de la Unidad Académica Reynosa Aztlán hicieron en el 2012 entre alumnos de cuarto, quinto y sexto año de primaria.

Les presentaron varios tipos de armas para ver cuáles preferían y la mayoría optó por los “cuernos de chivo”.

Les presentaron algunos grupos de música y la mayoría se inclinaron por K-Paz de la Sierra y otros que tocan narcocorridos.

Les dieron a escoger entre varios vehículos y prefirieron las Tahoe que utilizan los malosos para cometer sus crímenes.

De cualquier modo, a partir de ahora no habrá ninguna escuela militarizada. Los instructores que antes acostumbraban darles patadas en las donas a los estudiantes, sumergirles la cabeza en tanques de agua o hacerles calzón chino, ahora tendrán que abstenerse de hacerlo, porque si no, les va a caer la quebradora.

El caso de la jovencita Dafne abrió los ojos a las autoridades, pero también a la sociedad. ¡Qué! ¿No basta con que en las escuelas comunes y corrientes esté normalizado el bullying?

Con las academias militarizadas, eso era bien visto, incluso por los padres de familia porque pensaban que sus bendiciones se iban a hacer mejores hombres o mujeres si recibían el rigor de los maestros, que son mayormente militares en retiro.

No entiendo si la medida de retirar el nombre de “militarizada” a ese tipo de escuelas implica que ya no se seguirán desarrollando las mismas prácticas abusivas, o si van a correr a los soldados y sustituirlos por profesores civiles.

Quiero imaginar que esa modalidad educativa surgió luego de que algún militar retirado se encontró en la calle con un general, igualmente jubilado y le dijo: “Demonios, mi general, ¿y ahora qué vamos a hacer para corretear la chuleta?” Y el superior le contestó: “Pues mire, cabo Catoche, podemos hacer una escuela para no extrañar la vida del cuartel”.

Termino con el refrán estilo Pegaso: “Ahora ni plañir es positivo”. (Ya ni llorar es bueno).

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