Por Pegaso
Coincido y soy totalmente empático con el sentir y el sufrimiento de miles de madres que perdieron a sus hijos a causa de la inseguridad y la violencia generadas por la Delincuencia Organizada.
Pero también hay una verdad ineludible: Todos, absolutamente todos los que andan de malandros, no mamaron una buena educación en su familia.
Por alguna razón u otra, ya sea que los padres se iban a trabajar y dejaban a sus hijos solos o encargados, o que hubiera problemas de violencia intrafamiliar o de pobreza extrema. Las causas pueden ser miles. El resultado, solo uno.
Dice un conocido aforismo: “Hay que educar bien al niño para no tener que castigar al adulto”.
Por desgracia, es lo que estamos viendo todos los días: Punteros, marucheros, halcones… ¡hay uno en cada esquina, y todos lo sabemos!
La polémica surgió luego de la declaración de una funcionaria pública (foto) que participó en una de las muchas búsquedas que diariamente se realizan en el país: “Deben educar a sus hijos”-declaró.
Y esa frase cayó como plomo ardiente en la cabeza de miles de madres que se parten el alma para buscar a sus retoños en los montes y en los cementerios clandestinos.
“No hay que revictimizar al que ya sangra por dentro”-dicen.
“No necesitamos sermones”-gritan.
Aunque ellas condenaron tan temeraria afirmación, yo vi en los comentarios que la mayoría coincidían con la funcionaria.
Sin quitar la responsabilidad que las autoridades tienen de garantizar protección a los ciudadanos, es necesario que las madres y padres tomen en cuenta la importancia que tiene la educación en casa.
Repito: Ninguno de los delincuentes que andan haciendo de las suyas mamaron una buena educación en el seno de sus familias.
Llorar ahora por lo que no hicimos antes, no resuelve la situación, y uno puede ser empático con el sufrimiento de quienes perdieron a sus seres queridos, pero tampoco hay que quitar la vista del origen de esta calamidad que nos afecta a todos.
Hace unos días dialogaba con una respetada maestra sobre la mala decisión que tuvieron las autoridades de la Secretaría de Educación de eliminar la materia de Civismo.
Aprender a respetar a nuestros padres, a nuestros mayores, a la autoridad y a los símbolos patrios era considerado algo valioso. Cuando desapareció de las escuelas, dejamos de ser cívicos y nos convertimos en cínicos.
Hay otra verdad: Algunas de las personas que desaparecieron formaron parte de algún grupo de la delincuencia organizada o de alguna manera se relacionaron con ellos.
Los que no tuvieron absolutamente nada que ver, los que estuvieron en el sitio y momento equivocados, los que fueron reclutados a la fuerza, las víctimas reales, esos sí duelen hasta el alma, y desde esta columna envío mis condolencias y solidaridad para con las abnegadas madrecitas que siguen buscando hasta por debajo de las piedras para dar con el paradero de sus seres amados y darles, de perdido, una digna sepultura.
Repito. No son todos los casos, y el dolor de una madre, aún cuando su hijo haya sido mala semilla, se comprende y se respeta.
En fecha reciente se hizo viral el caso de un maleante que intentó arrebatarle el bolso a una mujer que practicaba artes marciales mixtas. La chica no se dejó. Por el contrario, golpeó tan fuerte al malhechor, que éste fue llevado al hospital de emergencia y perdió un ojo. Luego, la madre presentó una demanda en contra de la luchadora, a quien acusó por uso ilegítimo de la fuerza.
“Él solo te quería robar. Era su trabajo”-intentó justificarse la madre. Sin embargo, por fortuna, el juez concedió la razón a la joven y consideró que ella actuó en defensa propia.
Los malandros son malandros y no van a cambiar. Si no fueron educados y corregidos cuando eran niños, difícilmente serán personas de bien.
Viene el refrán estilo Pegaso: “No existe apego emocional como el apego emocional de una progenitora”. (No hay amor como el amor de una madre).

