Por Pegaso
Bueno. La selección mexicana logró lo imposible: Ganar su tercer partido en la fase de grupos por goleada, invicto, sin que le metieran un gol y con 9 puntos, lista para enfrentar su cuarto compromiso en este mundial de futbol. Una situación soñada. Lo que nunca se había logrado.
La verdad es que estos jóvenes demostraron un buen nivel y se hicieron preguntar a la afición: ¿Y si sí?
Lo anunció Monhy Vidente hace una semana, lo anticiparon Los Simpson hace una década: México será campeón del mundo, enfrentándose en la final contra Portugal.
Yo no soy pitoniso ni nada de eso, pero creo que México tiene todo para llegar al mítico quinto partido, aunque nada tiene que hacer frente a verdaderas potencias del balompié, como España, Argentina, Inglaterra, Brasil, Portugal o Francia.
Por lo pronto, anoche fue la euforia. La goliza por 3 a 0 que le propinaron a Chequia enloqueció a la fanaticada y en todo México la raza salió a las calles a festejar el triunfo.
La mayoría de los jugadores mexicanos son muy jóvenes. Hay quienes ya los consideran los nuevos “niños héroes”. Sin embargo, hay que esperar todavía y hacer “changuitos” para que los otros sean más maletas.
No hay que recordar que, competencia tras competencia, el equipo de México ha resultado ser una gran decepción. No estamos al nivel de los sudamericanos, ni mucho menos, de los europeos.
Sin ser yo un experto en futbol, me he atrevido a decir que al futbol azteca lo que le falta son expertos, tales como:
-EL GAMBETERO: Se trata de un tipo chaparrón, con piernas extremadamente fuertes, carismático y algo pícaro.
-EL PORTERO PULPO: En la portería se requiere a un tipo muy alto, delgado, con enormes manos y piernas, una mezcla de pulpo y gato para que detenga todos los balones.
-EL CAZAGOLES: Un jugador con un talento nato para estar en el momento y el lugar preciso.
-EL EJECUTOR: Un verdadero sicario del balón. De pegada potente, con una puntería endiablada y una mente fría y calculadora.
-EL ESTRATEGA: Capitán del equipo. Con el suficiente don de mando para hacerse respetar de sus compañeros.
-EL CRAC: Juntando a todos los demás.
Todo equipo de categoría tiene uno o más de estos. Mientras más tenga, mejor. Son tipos capaces de desequilibrar en un juego.
Que yo sepa, solo la selección de Brasil ha tenido una tercia de estos tipos desequilibrantes en la época de Pelé, Garrincha y Tostao. De ahí en adelante ha venido a menos con sus especialistas y poco a poco ha quedado con dos o uno. Recordemos aquella mentada mancuerna llamada RO-RO, es decir, Romario y Ronaldo, o Zico con Roberto Carlos, luego Ronaldo con Ronaldiño, hasta que se quedó solo con el rey de las lesiones: Neymar.
La selección de México no tiene un solo jugador desequilibrante, como lo tiene Argentina con Messi, Portugal con Cristiano Ronaldo o Francia con Mbapé.
Pongámoslo así: Si un equipo tiene un solo crac, es bueno. Si tiene dos, es fabuloso, y si tiene tres, es invencible.
Habría que salir a los llanos, a donde sea, con tal de encontrar a esos jugadores. Pelé, por ejemplo, salió de una favela brasileña y se convirtió en “O rei”.
Hasta ahora, los buscadores de talento han escogido solo a divas que se suben en un ladrillo y se marean. Es necesario buscar especialistas, como en toda profesión.
¿Qué sería de la medicina si no hubiera internistas, otorrinolaringólogos, neumólogos, hematólogos y tantos otros expertos en diferentes órganos y sistemas del cuerpo humano?
¡Igual el futbol! Mientras no se tengan especialistas jugando en las canchas, seguiremos soñando y festejando en las calles triunfos pírricos de nuestra selección.
Viene el refrán estilo Pegaso, cortesía del “Perro” Bermúdez: “¡Próxime el proyectil!” (¡Cerque le beleeeee!)

