Por Pegaso
El caso que ha dado la vuelta al mundo es el de una mujer, Christa Pike, que en su juventud mató a una compañera de universidad en Tennesse, Estados Unidos.
Con una saña increíble, ella, su novio y otra amiga, torturaron y luego mataron a Colleen Slemmer, crimen que ha inspirado varios documentales de televisión donde se revisan los motivos que llevan a determinadas personas a cometer los más horrendos hechos.
Tras más de treinta años en lo que se conoce como “el corredor de la muerte”, esperando cada día la hora de su ejecución, finalmente llegó la fecha fatídica.
El 30 de septiembre se preparó todo para su muerte a base de una inyección letal con pentobarbital.
Pero resulta que no fue una, sino que tuvieron que suministrarle dos inyecciones, y ni aún así terminaron con su existencia.
Durante el juicio que fue muy mediático en los años ochenta, se dijo varias veces que Christa y su novio practicaban el satanismo.
Mucha gente ha rescatado esa versión y empiezan a afirmar que la condenada tenía pacto con el diablo y que este no la dejó morir.
Resulta que el motivo de que la inyección letal fallara es que el fármaco no fue aplicado directamente a las venas o simplemente, estaba degradado, vencido.
Haiga sido como haiga sido, eso me recuerda a aquella escena de la película “La Ciudad del Pecado” (Sin City, por su nombre original en inglés. Estrenada en 2005. Director: Robert Rodríguez, Frank Miller y Quentin Tarantino. Protagonistas: Jessica Alba, Rosario Dawson, Benicio Del Toro, Michael Clarke Duncan, Clive Owen, Bruce Willis, Elijah Wood y Mickey Rourke), donde el personaje de este último, llamado Marv, es condenado a la silla eléctrica.
Pero por más descargas que le dan, no logran matarlo y él se burla diciendo: “¿Es todo lo que tienen, maricas?”
La ficción puede parecerse a la realidad, pero es muy diferente.
En el caso de Christa, la corte decidió enviarla al tambo junto con su novio y su amiga, luego de comprobarse el asesinato. Pero resulta que las leyes son muy veleidosas, y el galancete tenía en el momento de su aprehensión, 17 años, lo que le valió que no lo condenaran a muerte, sino solamente a cadena perpetua.
Ella, por otra parte, como tenía ya 18, recibió la pena capital, pero para que se llegara a realizar tuvieron que pasar más de tres décadas.
No sé ustedes, pero yo pienso que la ejecución debió realizarse lo más pronto posible. Total, si merecía morir, ya estaba firmada su sentencia. Resulta hasta cruel e inhumano mantener a alguien cautivo durante tanto, tanto tiempo, sabiendo que va a ser ejecutado. Mil veces es preferible terminar con el sufrimiento que prolongarlo durante décadas.
Decía Sócrates que la muerte es deseable para todos. ¿Por qué? Porque el que es religioso, el mayor bien que puede esperar es reunirse con Dios. Y el que no lo es, con la muerte dejará de sufrir enfermedades, tristezas y sufrimientos.
-Pe-pe-pero Pegaso-se asoma un lector a la columna-, ¿y los que están podridos en billetes, viven la vida loca, se pasean por el mundo y tienen todo lo que quieren? Seguramente esos no quieren morir.
Utilizando la Dialéctica, Sócrates logra convencer a su audiencia de que esos son los más infelices porque están alejados de Dios, que es el mayor bien al que el Hombre puede aspirar.
Por eso nos quedamos con el refrán estilo Pegaso que a la letra dice: “¡Infelices potentados! ¡Cuán conmiseración me provocan!” (¡Pobres ricachones!¡Qué lastima me dan!)
