Por Pegaso
Unos hombres trans (o sea, hombres que transitan a la apariencia de mujeres) mostraron los chicharrones en plena sesión del Congreso de Chihuahua para exigir su derecho a transicionar.
“Aquí está la resistencia trans”-dijeron y dos de ellos procedieron a bajarse una coqueta blusa sin tirantes, frente a las cámaras de los sorprendidos fotógrafos.
De entrada, creo que hay un error al decir que son mujeres trans. Como expliqué arriba, lo correcto es decir “hombre trans”, porque se transita de hombre a mujer, y no de mujer a hombre.
El caso contrario, cuando una mujer se opera y se hormona para parecerse a un hombre, estaríamos hablando de una “mujer trans”, como el famoso actor Elliot Page, uno de los protagonistas de la recién estrenada película “La Odisea” (The Odyssey, por su nombre original en inglés. Estrenada en 2026. Director: Christopher Nolan. Protagonistas: Matt Damon, Robert Pattinson, Anne Hathaway y Tom Holland).
Es válido que cualquier persona se crea algo que biológicamente no es. Por ejemplo, que un hombre desee ser mujer, se someta a la operación jarocha, se inyecte hormonas, se ponga peluca y se aplique capas y capas de maquillaje. Que una mujer se extirpe los senos, se inyecte testosterona, haga la voz ronca y se corte el pelo. Que alguien compre un traje de perro dálmata, se lo enfunde y se vaya a la calle a ladrar y a corretear carros.
O quien prefiera parecerse a un caballo, se inscriba en el hipódromo y participe buscando ganar una carrera.
Ya lo dije. Están en todo su derecho. Pero fuera de su ámbito muy personal y de sus amigos o familiares que le hacen el juego, el rol biológico es muy claro: Un hombre sigue siendo un hombre, aunque parezca mujer, una mujer sigue siendo un individuo del sexo femenino de la raza humana, aunque haga todo lo posible por parecerse a su contraparte masculina, y un tipo disfrazado de perro o caballo, seguirá perteneciendo al género Homo sapiens, aunque tenga la materia gris de un mosquito.
Tratar de imponer a los demás nuestro punto de vista nunca ha sido bueno. Y más aún, que escudados en políticas progres se pretenda que minorías obtengan beneficios extras que no tenemos el resto de los ciudadanos comunes y corrientes, como lo establece la Constitución.
Si piden que el Estado les pague su transformación con dinero de nuestros impuestos, ahí están mal.
Su metamorfosis debe ser costeada con recursos propios.
Es como si yo fuera satanista y pretendiera que del presupuesto público se edifique una iglesia a Belcebú. ¡No! ¿Verdad? Existen aparte cientos de credos que tienen los mismos derechos que yo, y pronto habrá una marabunta de pastores y ministros exigiendo que a ellos también se les edifique su templo.
Enseñar los chicharrones en el Congreso de Chihuahua puede ser un buen golpe mediático. Fue una noticia que le dio la vuelta al país por lo inusual.
Los protagonistas de este episodio pedían a las diputadas presentes que también mostraran las chichis para que se viera la diferencia entre los senos flácidos de una mujer biológica y las rotundas protuberancias de los trans, construidas a base de cirugías y hormonas.
Por fortuna, las ecuánimes legisladoras no cayeron en el juego y mantuvieron los brasieres en su lugar.
Punto.
Viene el refrán estilo Pegaso, cortesía de la película homónima: “Sin glándulas mamarias es imposible la existencia del edén prometido”. (Sin tetas no hay paraíso).

