Por Pegaso
¡Cuán difícil es para una persona común y corriente llegar a despuntar en las redes sociales!
Viendo cómo algunos influencers logran tener millones de seguidores, cientos de miles de reacciones y chorromil likes por cada una de las pendejadas que suben, me quedo boquiabierto, patidifuso, cabisbajo y medio apendejadón, porque nunca he llegado a tales números.
En mi humilde carrera de periodista, con casi 45 años de servicio, he adquirido experiencia, pero nada me ha preparado -y creo que a la mayoría de mis compañeros tampoco- para lo que son el día de hoy los medios instantáneos de comunicación, las redes sociales.
Y lo digo porque ayer estuve echando un rico y aromático café en conocido restaurant de la localidad con un buen amigo y me decía que él es el único que sigue comprando el periódico, porque la gran mayoría ahora obtienen la información en plataformas como Facebook, You Tube, X, Instagran y WhatsApp.
Por eso mismo, porque uno apenas se está aclimatando a la nueva realidad y porque los más jóvenes ya nos llevan un buen tramo de ventaja, es que a veces nos ponemos de pechito frente a una especie de seres humanos conocidos como “haters”.
Un hater es un usuario de las redes que muestra una persistente actitud negativa u hostil ante lo que publicas. Yo tengo dos que son incansables, asiduos, constantes, duraderos, incesantes, inmutables, permanentes y tenaces en sus críticas hacia mi persona.
Es algo que le ocurre a cualquiera que apenas empieza a desarrollar cierta actividad en las redes sociales, me comenta un colega. No hay forma de quitárselos de encima.
Pero dicen que eso te da más ánimos para seguir adelante. Los obstáculos siempre son una prueba que nos pone la vida y a decir verdad, yo hasta me divierto con sus ocurrencias.
En cierta ocasión, un grupo de personas irrumpió en un desfile de la Revolución, allá, sobre el bulevar Morelos. Iban con la intención de increpar, denostar, reclamar, amonestar, apostrofar, prorrumpir o reñir a la autoridad municipal. Éste alcanzó a retirarse antes de que el grupo llegar al podio.
Sin embargo, pudieron acorralar al Secretario del Ayuntamiento, quien no hallaba la forma de zafarse. Aprovechando un recoveco, se fue rápido hacia su vehículo, que estaba cruzando la calle, pero entonces, uno de los manifestantes empezó a insultarlo.
Yo publiqué los hechos tal como los escuché, sin embargo, no respaldé la información con audio grabado porque todo ocurrió tan rápido que ni tiempo tuve de accionar mi celular.
No les voy a decir qué me dijeron en las redes. Hasta de mi jefecita santa se acordaron. Me tacharon de falta de sensibilidad ante la problemática de los desaparecidos, pero luego supe que ese grupito, en especial, se había filtrado entre las madres buscadoras con el propósito antes mencionado.
Total, fue ahí cuando sufrí mi primer ataque directo y brutal de los haters. Me funaron, como se dice hoy en día.
En fin. Yo seguiré adelante con mi labor informativa y haciendo uso de mi derecho a la libre expresión mediante esta furris, vana, inane y fútil columnilla.
Termino con el refrán estilo Pegaso, cortesía de Don Quijote De la Mancha: “Emiten sonidos guturales los cánidos, evidencia de que existe locomoción frontal”. (Ladran los perros, señal de que vamos avanzando).

