Por Pegaso
A partir de ahora, estimado lector, todo lo que aparezca en una pantalla merece el mismo nivel de confianza que una promesa de campaña: ninguno.
Las inteligencias artificiales ya hacen de todo. Redactan discursos, diseñan imágenes, escriben canciones, editan videos y, si uno les insiste mucho, hasta pueden hacer parecer inteligente a un diputado en TikTok.
Con unas cuantas instrucciones, la IA puede fabricar un video donde usted aparezca asaltando un banco, recibiendo sobornos, bailando reggaetón en tanga o apoyando públicamente a los Yankees. Y lo peor no es que sea falso. Lo peor es que medio mundo lo va a creer antes de que usted alcance a decir: “Eso está editado”.
Porque así funciona esta época moderna: primero viene el linchamiento digital y luego, si queda tiempo, la investigación.
Las implicaciones legales son brutales. Mientras peritos, abogados y expertos demuestran que el video fue creado artificialmente, la quemadota ya recorrió Facebook, WhatsApp, TikTok y hasta el grupo de las tías católicas donde condenan al mundo entre piolines y cadenas de oración.
En política esto será dinamita pura.
Antes bastaba con sacar una foto borrosa del candidato abrazando a alguien “sospechoso”. Ahora podrán fabricar videos completos donde aparezca recibiendo maletas de dinero, pactando con extraterrestres o cantando karaoke con “Los Tucanes de Tijuana” en una fiesta clandestina.
Y habrá gente que diga: —“Sí se parece… además, mírale la cara de corrupto”.
Ya lo decía aquel filósofo de café y banqueta: “Si quieres saber hasta de qué te vas a morir, métete a la política”.
Porque en cuanto alguien levanta la cabeza, le caen encima enemigos, adversarios, resentidos, excompadres y hasta compañeros de partido. La política mexicana es el único lugar donde todos sonríen en la foto mientras buscan dónde enterrarte el cuchillo.
Esto ya parece Spider-Man 3. ¿Se acuerda cuando le fabrican fotos falsas al Hombre Araña? Bueno, ahora será igual, pero sin necesidad de laboratorio fotográfico. Basta una laptop, internet y algún ocioso con demasiado tiempo libre y poca supervisión maternal.
Y nadie está a salvo.
Ya circulan advertencias sobre delincuentes que clonan voces y rostros para extorsionar familias. Le hablan a la mamá: —“Tengo secuestrado a su hijo”. Y la señora escucha exactamente la voz del muchacho… aunque el pobre chamaco en realidad esté dormido, crudo y abrazado a una caja de pizza.
Los expertos recomiendan pedir pruebas en video o frases específicas para detectar errores. Uno de los trucos más famosos es pedir que la persona se pase los dedos frente a los ojos, porque ahí las IA todavía se hacen bolas.
Aunque, siendo sinceros, hay políticos reales que también fallan coordinando las manos con el cerebro y nadie sospecha que sean artificiales.
No todo es malo. La IA también tiene maravillas. Puede ayudar a estudiantes, médicos, investigadores y periodistas. Una tesis universitaria que antes requería meses de desvelo, café soluble y ataques de ansiedad, ahora puede aparecer en horas perfectamente redactada, con citas, bibliografía y hasta palabras que ni el alumno entiende.
El problema será cuando el sustentante tenga que explicar su propia tesis y descubra, frente al sínodo, que no sabe ni qué significa “marco teórico”.
Estamos entrando a una época donde la mentira vendrá en alta definición, con subtítulos y música épica de fondo.
Y lo más peligroso será esto: la realidad auténtica tendrá cada vez menos rating que la realidad fabricada.
Ya me hice bolas. Aunque pensándolo bien… capaz ni siquiera soy yo quien escribió esta columna. A lo mejor Pegaso ya fue reemplazado por una inteligencia artificial con sarcasmo integrado y gusto por el café recalentado.
Viene el refrán estilo Pegaso:
“Aplicar extrema cautela ante reproducciones visuales de dudosa procedencia tecnológica”.
(O lo que es lo mismo: “No crea todo lo que vea en internet, aunque salga con música dramática”).

