Por Pegaso
En los tiempos actuales d generaciones de cristal, decir cualquier piropo a una fémina resulta muy peligroso.
Pero no hace mucho -apenas unas cuantas décadas- las cosas eran muy diferentes. La picardía siempre estuvo arraigada entre los mexicanos y el albur era el ajedrez mental de las clases depauperadas.
Le dijeron una vez a Lourdes Ruiz Baltazar, mejor conocida como “La Reina del Albur”: “Oiga, pero el albur se trata de penetrar al otro y usted no tiene pene”.
Y ella respondió: “No tengo pene, pero tengo dedos”.
Y bueno, ahora ya debemos estar en un proceso de olvidarnos del mexicanísimo albur para concentrarnos en ser políticamente correctos, a menos que queramos ir a mascar barrote o pagar varios millones de pesos solo por lanzarle un chiflido a una recatada e inocente damita.
Pero había antes muchos ejemplos de cómo aquellas palabras picantes eran vistas con total naturalidad y nadie la hacía de pex.
Aunque los piropos subidos de tono eran utilizados mayoritariamente por los varones, también ellas se aventaban algunas joyitas dignas de recordarse: “¡Ese pajarito necesita su jaulaaaaa!”
Yo recuerdo muchas canciones sumamente misóginas que en mis tiempos eran muy populares y las cantaban y las bailaban en las fiestas de barrio.
Por citar un ejemplo: El viejo del Sombrerón.
La canción, compuesta por un tal Calixto Ochoa, está dividida en dos secciones. La primera, donde un peladito presume un carro que lo lleva a donde él quiera cuando consigue a una chica.
Eso puede dar a entender que solo por traer un auto más o menos decente, las mujeres van a subirse así nomás, aún cuando sean soberanas desconocidas.
El tipo llega hasta una casa donde está una exuberante dama y ofrece llevarla. A lo que ella se niega, ya que está esperando al Viejo del Sombrerón.
Él se asombra y pregunta por qué ella, siendo tan bella, está tan entregada al Viejo del Sombrerón, un sujeto evidentemente de mucha mayor edad y dibujado en los videoclips como un alcohólico.
En la segunda parte, la chica explica que el viejo pasa a cada rato, le lanza piropos y le toca el pito del carro y lo justifica con la siguiente frase: “Lo que pasa, es que una gota de agua sobre una piedra hace un orificio”.
Entonces, ¿qué podemos entender? ¿Qué a pesar de estar más feo y viejo que La Gilbertona puedes llegar a conquistar a una joven y curvilínea chica?
Si una situación como esa ocurriera ahora, en pleno 2026, se tipificaría como acoso sexual y El Viejo del Sombrerón enfrentaría una fuerte demanda bajo la “Ley Valeria” y otras muchas legislaciones que se han sacado de la manga para proteger la candidez y pureza de las dulces, virginales y angelicales doncellas.
Mientras por otro lado, se lanzan a los conciertos de Bad Bunny o Peso Pluma donde las sobajan, las tratan como zorras, y ellas gozan y se contonean al ritmo pegajoso del reggetón y los corridos belicones.
Una doble moral, sin duda alguna.
Viene el refrán estilo Pegaso, cortesía de Shakira: “Las féminas en la actualidad emitimos comprobantes fiscales”. (Las mujeres hoy facturamos).

