“A ver quién se cansa primero”

“A ver quién se cansa primero”

EDITORIAL

Reynosa, Tamaulipas. Semanas atrás, apareció en Reynosa una manta con la siguiente leyenda: “A ver quién se cansa primero”.
Era la advertencia de una célula de la delincuencia organizada, luego de que las autoridades repusieron algunas de las cámaras de videovigilancia del C-5 que los mismos criminales habían tirado.
La madrugada de ayer lunes, en un operativo conjunto entre varias corporaciones, se logró la detención del presunto autor de esa amenaza.
Lo que parece ser una victoria para las fuerzas federales que comanda desde México el Secretario de Seguridad Ciudadana, Omar García Harfuch, no lo es tanto si tomamos en cuenta que levantar las cámaras caídas solo tiene un costo de varios miles de pesos pero, ¿y cuánto cuesta levantar a un desaparecido o a un ejecutado cuando éste es un ciudadano común y corriente que nada tiene que ver con la delincuencia?
Recién se supo que la multa que se aplicaría al presunto feminicida que degolló a su pareja sentimental sería de más de dos millones de pesos, más los gastos funerarios y compensaciones a la familia, y que además, pasará entre 40 y 60 años en prisión.
Súmense todos los raptados y ejecutados a lo largo de los últimos veinte años. Tan solo en Reynosa van casi 14 mil. Multiplíquese por dos millones de pesos y es lo que tendrían que pagar los generadores de violencia, si tuvieran que ir ante los tribunales, además de acumular una condena de miles de años cada uno.
En vista que es imposible aprehenderlos a todos, la responsabilidad de indemnizar a los familiares, ya que no garantiza la seguridad y la integridad física de la ciudadanía, es del Gobierno federal.
Tan solo en Reynosa la derrama por ese concepto sería de más de 30 mil millones de pesos, más lo que se acumule.
Levantar una nueva cámara de videovigilancia es pecata minuta.
Luchar contra el crimen organizado es el gran reto, donde parece que la delantera la llevan los mafiosos, que no se cansan de matar y desaparecer personas. Solo que éstas no se pueden reponer.
Y aquí aplica maravillosamente la frase con la que inició este editorial: “A ver quién se cansa primero”.

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