Por Pegaso
Advertencia: Si es usted argentino, mejor no lea el siguiente artículo, porque no creo que le vaya a gustar. Conste.
Deben de saber mis dos o tres lectores que en los últimos días, con motivo de los recientes resultados de la Copa del Mundo de Futbol donde el equipo mexicano fue lastimosamente eliminado (es curioso que cuando la selección gana, decimos: “Jugamos bien”, pero cuando pierde solemos afirmar: “Perdieron por maletas”), en tanto que Argentina, que iba perdiendo 2 a cero, remontó para poner el marcador por 3 a 2 ante unos egipcios que no supieron ni lo que les pasó por encima.
Comentaristas e influencers argentinos se han dado a la tarea de comprarar a ambas selecciones, pero lo peor es que lo trasponen a los países. “Odio a los mexicanos porque quieren ser como nosotros”, afirman, y eso da pie a sentimientos de homofobia y a un sentimiento de odio mutuo.
La verdad, la verdad, es que los chés siempre han sido engreídos. Se creen los europeos de América.
Y aunque están igual o peor de jodidos que nosotros, aunque tienen gobiernos tan o más corruptos que los de nosotros, piensan que están cagados por los dioses.
Y eso se refleja, por supuesto, en el futbol.
Tras el encuentro con Egipto, se criticó demasiado que el árbitro favoreció a Argentina. Anuló un maravilloso gol egipcio y validó uno de los argentinos que se originó en una falta.
Quienes analizan el tema aseguran que desde mucho antes la FIFA, que es el organismo internacional que regula este bonito juego, tiene preferencias sobre Argentina.
Ya desde Maradona, cuando hizo aquella polémica jugada de “La Mano de Dios”, parecía que el arbitraje pasaba por alto las faltas más garrafales de los pamperos.
No obstante, y sin que se pueda considerar una defensa o apología, las figuras más grandes del balompié mundial siempre han tenido un halo casi místico e infunden respeto a los árbitros.
Tanto se hablaba de Maradona como un dios del futbol, como una figura de grandeza inconmensurable, que le pasaron por alto la evidente mano que ayudó a meter aquel gol ante Inglaterra.
Y ahora esa aura mística pasó a Messi. Cuando creíamos que no podía haber futbolista más grande que Maradona, surge Messi, y el mundo se polarizó en torno a su figura.
“El Pelusa” anotó un golazo que aún a la fecha está definido como el mejor del mundo, cuando arrancó desde su lado de la cancha, dribló, burló a chorromil jugadores y luego anotó de manera brillante.
Décadas después, Messi repitió paso a paso, gambeta tras gambeta, ese mismo gol. Se le conoce como el gol “Encara Messi”, y cualquiera puede verlo en Internet.
Pero nadie, si no tuviera algo especial, pudiera haber obtenido la cantidad de premios que tiene “La Pulga”.
Comparemos con los mejores mexicanos: El mayor logro de Hugo Sánchez fue ganar el Pichichi cinco veces y obtener algunos campeonatos nacionales con sus equipos. Nunca estuvo ni siquiera cerca de levantar una Copa del Mundo. Igual pasó con Cuauhtémoc Blanco, Luis García, El Chicharito Hernández y toda la ristra de maletas que han participado en esa justa deportiva o que han jugado en ligas europeas.
Quiero ver que Argentina juegue contra España, Francia o Noruega, donde están surgiendo con gran fuerza las nuevas estrellas.
Los jóvenes vienen rompiendo récords y después de la despedida de grandes jugadores actuales, como el propio Messi, como Cristiano Ronaldo o como Luca Modric, se viene la nueva era para el futbol mundial.

