AL VUELO-Ateos

AL VUELO-Ateos

Por Pegaso

Hace poco, un amigo que sabe que no soy creyente me dijo: “Por ateo, vas a morir en medio de fuertes dolores”.
No sé si sus palabras se lleguen a cumplir, pero por lo pronto, ya me echó la sal, como se dice comúnmente. Ya me aventó las malas vibras. Ya me auguró un mal que ni siquiera a un enemigo se le puede desear.
Y es que en materia de religión, de futbol y de política, las discusiones siempre serán estériles. Cada quien tiene sus propias preferencias y son cosas muy subjetivas.
Así como hay países donde la gran mayoría tienen una religión, en otros, como en China, República Checa y Japón el número de ateos o no creyentes rebasa el 70% de la población.
En México, el porcentaje de creyentes supera el 93%, de los cuales, la gran mayoría son católicos guadalupanos y el resto, cristianos o de otras denominaciones religiosas.
La verdad, si me llegan a preguntar en qué creo, tendré que decir la verdad: En nada.
Porque creer es algo subjetivo y no implica que la cosa en la que creo sea realidad.
En cierta ocasión le hicieron la misma pregunta al famoso físico de origen judío Albert Einstein y respondió: “Yo creo en el dios de Spinoza”.
¿Y qué es el dios de Spinoza? La Naturaleza, el Universo, las fuerzas y el orden natural.
Sin embargo, el Ser Humano ha tenido a lo largo de su historia un sinnúmero de dioses. Si alguien nació en La India, tendrá el hinduísmo como religión, si en países árabes, el islam, si en japón, el sintoísmo, si en países occidentales, el catolicismo. La religión que profesas depende del área geográfica en que naciste.
Baruch Spinoza, que en su momento fue condenado por la Iglesia Católica al exponer sus razonamientos sobre la naturaleza de Dios, reveló una nueva visión: Dios no es un viejito barbón que está viendo a ver quién se equivoca para ponerle tache y mandarlo al infierno.
Por el contrario, él defendía un pensamiento filosófico conocido como Panteísmo, es decir, Dios está en todas partes, es una sustancia única y eterna que se manifiesta en todo lo que existe.
Por consiguiente, los seres humanos son parte de la Naturaleza y están sujetos a las mismas leyes.
De conformidad con estas afirmaciones, el libre albedrío no existe, ya que todo lo que se hace forma parte de la misma naturaleza y finalmente, Dios actúa como causa de todas las cosas y todo lo que sucede es comprensible a través de la causalidad.
Spinoza influyó en muchos pensadores posteriores, pero no fue suficiente para cambiar la percepción del grueso de la población del mundo que aún tiene marcadas creencias religiosas.
Hace varias décadas había una revista sobre un personaje: Conan el Bárbaro, que después fue llevado al cine personificado por Arnold Schwarzenegger.
Conan tenía un dios: Crom.
Pero Crom era un dios al que no le importabas un soberano cacahuate, ni quería que le rezaras, ni te ayudaba en nada, ni hacía milagros. Nada. Era como si no existiera.
Por lo mismo, Conan jamás esperaba nada de su dios Crom, y esa era una relación saludable, puesto que, actualmente, los seres humanos somos tan egoístas que hemos esclavizado a los dioses para que nos saquen de los más complicados aprietos o cumplan con nuestros más escondidos deseos.
Viene, pues, el refrán estilo Pegaso: “A la deidad implorando y con el mallete proporcionando”. (A Dios rogando y con el mazo dando).

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