Por Jesús Rivera
Reynosa, Tamaulipas. Ese Día del Niño Reynosa amaneció con el alma rota. No hay ruido de fábrica ni bullicio en las calles que alcance a tapar el eco de una tragedia que cala hondo, que desgarra y deja un silencio pesado en los hogares. La ciudad, acostumbrada a resistir, hoy se siente distinta: herida, vulnerable, profundamente triste.
Desde la voz de los trabajadores, de quienes día a día sostienen la vida productiva de esta frontera, el sentimiento es claro y contundente. Alberto Lara Bazaldúa, Secretario General del Sindicato Industrial Autónomo de Operarios en Plantas Maquiladoras de Reynosa (SIAMARM), expresó un dolor que no distingue cargos ni posiciones, sino que nace desde lo más humano:
“La ciudad es un incendio, insegura para todos. Esta muerte es una tragedia, una mezcla de horror e injusticia que golpea la raíz de las familias buenas. Existe un profundo vacío por el interés supremo que está escrito en la Biblia y en nuestra Constitución: la vida y la seguridad de nuestros niños y niñas. Son ángeles intocables y divinos.”
Sus palabras, quebradas por la indignación y la impotencia, retratan lo que muchos sienten pero no logran decir. Porque cuando la violencia alcanza a la infancia, no hay argumento posible, no hay explicación que alivie. Solo queda el vacío.
“Palabras me faltan ante tal devastación y llanto que vivimos. Sé que mis expresiones de dolor no podrán transmitir el sufrir y la impotencia del pueblo, de nuestra ciudad, ni de las familias”, añadió.
El golpe es aún más profundo por el momento. Donde debía haber risas, juegos y celebración, hoy hay luto. Donde se esperaban dulces y abrazos, hay lágrimas y rabia contenida.
“Mi más sentido pésame para todas las niñas, niños y las familias de paz, bondad y trabajo de Reynosa; y la vergüenza de no poder celebrar el Día del Niño ante tal atrocidad, cometida por los grupos del crimen organizado y la violencia ya perpetuada ante el Estado y autoridades que deberían de combatirla.”
En medio de este dolor colectivo, un nombre resuena con fuerza: Cami. Un símbolo de la inocencia arrebatada, de los sueños truncados demasiado pronto.
“Cami, la luz de tu sonrisa se ha apagado muy pronto”, expresó con pesar.
Reynosa no solo enfrenta una crisis de seguridad; enfrenta una herida moral que exige respuestas, justicia y, sobre todo, un compromiso real con la vida. Porque cuando una niña cae, cae también un pedazo de esperanza.
Hoy, la ciudad no celebra. Hoy, Reynosa llora. Y en ese llanto, también clama.

