Por Pegaso
La pobreza es lo mejor que les puede pasar a los mexicanos. Tiene sus ventajas. Por ejemplo, no llamas la atención de los ladrones y por lo tanto, no te van a robar. Aunque pensándolo bien, puede que el ladrón seas tú cuando no tengas ni para comprar frijoles.
Por cierto, en una reciente declaración la presidenta Claudia Shikitibum afirmó que al combinar los frijoles con el arroz se obtiene un platillo con el mismo valor nutritivo que la carne.
O sea, que desde el gobierno quieren hacer que nos conformemos con nuestra pobreza, normalizando y romantizando la jodencia.
Eres pobre, por lo tanto, puedes acceder a múltiples beneficios, como la pensión del bienestar, las becas Benito Juárez y Rita Cetina para tus bendiciones, programas alimentarios, gas del bienestar y muchos más.
Si eres rico, ya te chingaste.
Es decir, para los que están ahora en el gobierno, lo mejor y más deseable es que te quedes pobre, y esto tiene un plus: Gracias a que estás bien amolado, puedes tener el gran privilegio de votar por los candidatos de MORENA, porque eso te garantiza que seguirás pobre per sécula, seculorum, amén.
Ya lo dijo el siempre igualado, pero jamás Imitado Norroña: Yo como toda la quincena con cincuenta pesos.
Para ello, se va al mercado y compra una lechuga, luego unas láminas de jamón, un poco de queso y un poco de pan de barra. Hacemos un sándwich que acompañamos con un pedazo de queso y algo de manzana, y ya está. Listos para rendir todo el día al 100%, como Norroña.
He ahí el secreto de nuestro egregio y pluscuamperfecto ex líder de la Cámara de Diputados.
Pero si es usted como cualquier hijo de vecina, no se vaya al extremo, ni tampoco quiera compararse con Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, Germán Larrea o María Asunción Aramburuzavala, comiendo carne todos los días. Ponga la olla de frijoles, aviéntele unos dientes de ajo y échele unas ramas de epazote. Mientras tanto, en una cazuela dore un poco de arroz, agregue un cuadrito de Knorr Tomate, agua y algo de sal y espere hasta que esponje.
Una vez que esté listo, dispóngase a degustar este manjar de dioses, bucato di cardinale, acompañado por un chesco bien helado.
No sienta envidia de toda esa gente hipócrita, ruin y vanidosa que de nada le sirve el dinero, de los que van a los restaurantes premiados con estrellas Michelín, que tienen los chefs más renombrados y sirven los platos más suculentos.
Dígale fuchi al foi grass, al caviar y al filette mignón con trufas blancas. Acostumbre su paladar al delicado sabor de los frijolitos en bola.
Decía José Alfredo Jiménez: “Yo no tengo la desgracia de no ser hijo del pueblo, pa’ cantarle a la pobreza sin sentir ningún dolor”.
Quédese jodido. La pobreza es buena. Qué importa que no tenga ni para comprar tortillas el día de hoy, ni para darles a los chamacos sus veinte varos para que compren un taco en el recreo. ¿Qué no pudo pagar la luz o el agua? Pues ahí pagará el mes próximo. Lo importante es que el viejón no se quede sin su caguamón y la ñora no deje de ver su moconovela.
Siga mi consejo y sea feliz. Ya sabe la fórmula: Frijoles con arroz. No necesita más.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso que dice así: “Desposeído, sin embargo, honesto”. (Pobre, pero honrado).

