Entre la espada y la pared
Los partidos Verde y del Trabajo, a pesar su participación en coalición con MORENA desde el 2018, eran elementos incómodos para el partido vencedor.
El poder no se comparte y es algo que no entendieron los dirigentes de esos micro partidos.
Nomás llegar a la Presidencia de la República, empezaron a exigir posiciones más allá de sus merecimientos.
Todavía en el sexenio de López Obrador se medían, porque el viejón tiene un carácter muy agrio y dominante, pero con Claudia Sheinbaum se descosieron. Llegaron a ser incómodos y habría que sacudírselos.
Con el famoso “Plan B”, donde MORENA pidió votos para el PT y el Partido Verde a fin de obtener la mayoría calificada en las cámaras de Diputados y Senadores, se consolidó un poder que solo en la época dorada del PRI se obtuvo.
Gracias a eso, MORENA y aliados tuvieron el control de las dos Cámaras, el Instituto Federal Electoral, el Poder Judicial y la mayoría de los Estados y congresos locales.
No obstante, las exigencias empezaron a ser más molestas, y cuando vieron que la Reforma Electoral venía en serio para eliminar algunas canonjías de las que siempre habían vivido, como los diputados y senadores plurinominales, empezaron a sacar las uñas.
No es un secreto que desde hace tiempo se pretendía terminar con los partidos satélite de la vieja escuela: PT, Verde, Movimiento Ciudadano y el PRI, incluso.
Y la forma de hacerlo es pegarles en la bolsa, es decir, en su principal fuente de financiamiento: La venta al mejor postor de candidaturas plurinominales.
Millones de pesos costaba una nominación a diputado federal, senador o diputados locales.
Dinero que iba directamente a los bolsillos de los líderes nacionales.
Práctica que no era exclusiva del “chiquitiaje”, sino que también MORENA lo hizo y lo sigue haciendo. Si no, que le pregunten a Ricardo Monreal.
Por lo pronto, los partidos PT y PV ya estaban condenados al ostracismo. Si votaban a favor de la Reforma Electoral propuesta por la Presidenta Claudia Sheinbaum, se daban un tiro en el pie, porque terminaría con esa jugosa fuente de ingresos que son las plurinominales. Y si no, como ocurrió, el aparato gubernamental y la rabiosa militancia se encargarían de satanizarlos y exhibirlos como “traidores al pueblo”.
Esa interpretación, sin embargo, es dudosa. El pueblo ni siquiera sabe diferencias un diputado plurinominal de uno de mayoría. Solo sabe que todos tienen las uñas largas y que ni uno ni otro regresan a territorio una vez que llegan a la curul.
El pueblo no fue consultado sobre la Reforma Electoral. Se hicieron asambleas informativas de MORENA por todo el territorio, pero solo acudieron los adoctrinados de siempre, los adoradores del Santón de Macuspana, el dueño de MORENA.
Nadie entró a los barrios más marginados, donde las familias apenas tienen para comer frijoles con tortilla y refrescos, trabajan todo el día y no cuentan con las condiciones mínimas necesarias para vivir dignamente, ya no se diga de manera humilde. Solo asumieron que eso es lo que ellos opinan.
El pueblo no lo dijo, pero hay que admitir que es algo necesario acabar con los privilegios, con los fabulosos negocios de los partidos satélite.
Aunque ahí viene otra camada de partiditos con los cuales MORENA y el Gobierno buscan consolidar su permanencia en el poder: Construyendo Solidaridad y Paz, que tiene en su nombre las siglas de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo (CSP) y lo hicieron a propósito, México Tiene Vida, que tienen detrás a personajes como Ricardo Salinas Pliego y Francisco García Cabeza de Vaca, Somos México, conformado en su mayoría por congregaciones cristianas y Que Siga la Democracia.
Desaparecen unos y aparecen otros.
El ciclo se vuelve a repetir.

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