AL VUELO-Violencia

AL VUELO-Violencia

Por Pegaso

La violencia está desatada en todo el mundo. Parece que Ares, Deimos, Phobos, Caos, Huitzilopochtli, Odín, Set, Chiyou, Sarutahiko, Astarté, Baal, Yahweh, Nergal, Manitú y todos los demás dioses de la guerra se hubieran puesto de acuerdo para venir a hacer su desmadre a La Tierra.
México está enfrascado en una guerra con el narco desde hace veinte años, con miles de muertos, heridos y desaparecidos; en el Oriente Medio, Irán acaba de lanzar misiles a ocho países vecinos, incluido Israel, Yemen, Emiratos Árabes Unidos y donde quiera que hay una base militar gringa. Un poquito más allá, Afganistán y Paquistán libran una cruenta batalla por diferencias ancestrales, y en el Lejano oriente, hay una calma chica que anticipa futuros conflictos entre Corea del Norte y los países aliados de Estados Unidos.
En el mundo de los aztecas, cuando había gran tribulación, por ejemplo, durante sequías o inundaciones, los tlatoanis ordenaban algo que se conocía como “guerra florida”, que era solo para capturar futuras víctimas que se sacrificaban en los altares de los dioses para apaciguarlos.
Según la cosmogonía de los antiguos pueblos del México antiguo, el mundo había sido creado cuatro veces y destruido otras tantas. Se les llamó: Primero, segundo, tercero y cuarto sol. En el que estamos es el Quinto Sol y según esa mitología, acabará con un gran terremoto que castigará todos nuestros pecados y excesos, incluyendo a los therians y reggetoneros.
Los mitos hebreos nos dicen, por ejemplo, que en las ciudades de Sodoma y Gomorra prevalecía la corrupción y se blasfemaba contra Dios, por lo cual, ordenó a Lot y a su familia que agarraran sus tiliches y salieran corriendo, porque les iba a aventar un misil balístico intercontinental.
Con tan mala suerte que la vieja de Lot volteó a ver cómo venían los misiles y los drones, convirtiéndose inmediatamente en estatua de sal.
En La Biblia también se cuenta la historia del Diluvio Universal, una gran inundación ordenada por Dios para castigar los pecados de la humanidad, incluyendo a los niños inocentes y a todos los animales del mundo que ni siquiera sabían leer.
Al arca, Noé subió solamente a un par de cada especie: Un elefante con su elefanta, una lombriz con su lombiza, un tecolote con su tecolota, una cebra con su cebro… En fin, todos los animales del mundo cupieron ahí. Y durante cuarenta días y cuarenta noches llovió copiosamente, cosa que si hubiera ocurrido en Reynosa habría sido mucho peor, ya que cuando llueve aquí una hora se inundan las colonias bajas y las calles se convierten en ríos incontrolables.
Total. Toda la vida de La Tierra murió, aunque me imagino que las ballenas, tiburones y delfines siguieron nadando en el agua y no fue necesario subirlos al arca.
Esto me hace pensar que quizá estamos en la antesala de un nuevo holocausto. En el momento en que alguno de los locos que gobiernan los países en conflicto decida aventar a su vecino una bomba nuclear, hasta ahí llegamos, chuparemos faros, nos cargará el payaso.
¿Por qué? Pues porque de inmediato habrá represalias y esto se convertirá en una bola de nieve que no parará hasta que todos estemos en el cielo de los capibaras.
Si me dicen qué preferiría para vivir el fin del mundo, les diría que es mejor una invasión zombie o extraterrestre, un ataque de hongos mutantes como en “The Lost of Us” o el impacto de un meteorito gigante.
Lo peor que nos puede pasar es que nosotros mismos causemos nuestra extinción, habiendo tantas formas de negociar para llegar a un punto medio.
A final de cuentas, si ocurre un gran conflicto mundial, no quedará nada que podamos disfrutar sobre la superficie del Planeta y los pocos multimillonarios que se salven en sus bunkers subterráneos estarán condenados a vivir como topos por muchos, muchos años.
Haciendo changuitos para que eso no llegue a ocurrir, los dejo con el refrán estilo Pegaso, cortesía de Roberto Carlos: “Mi deseos es ser tan refinado como los individuos que integran el reino Animalia”. (Yo quisiera ser civilizado como los animales).

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