Por Pegaso
¡Ey! Usted. Sí. Usted que está leyendo esto. ¿Quiere dejar de ser humano y convertirse en un therian?
Suena cool. Forma parte de un fenómeno muy de moda y que está creciendo como la espuma: la autopercepción.
Ya hemos comentado en este espacio que hay tipos y tipas más locos que una cabra que se creen perros dálmata, caballos, jirafas, mariposas y rinocerontes. Otros individuos de pelo en pecho creen ser niñas de 8 años, se meten al kínder y van al baño con sus compañeritas a hacer pipí.
En este mundo de locura, salta de vez en cuando alguna noticia grotesca y estrafalaria: “Jovencita fue atacada por un therian”.
¿Y qué diablos es un therian?-pregunta uno de mis dos o tres lectores.
Un therian es una persona que se coloca una máscara de animal, preferentemente de un perro o un lobo y camina a cuatro patas, como si fuese uno real.
Llamó poderosamente mi atención el caso reciente de una chica que fue atacada por un therian cuando salía del colegio, en una comunidad de argentina.
Ella narra que iba caminando por la calle cuando un grupo de personas jóvenes que usaban máscaras de animales se le acercaron, caminando sobre las cuatro extremidades, la olieron y empezaron a seguirla, como si se tratara de una jauría de perros.
Ella creyó que se trataba de una broma y quiso ahuyentarlos, riendo entretenida, sin embargo, uno de ellos se prendió de su tobillo y le dio una tremenda mordida, lo que ya no cayó en gracia a la supuesta víctima.
La denuncia fue levantada por la madre en la delegación de policía y rápidamente los cumplidos agentes del orden argentinos se dieron a la tarea de localizar al grupo de orates, sin resultado hasta el momento.
Pero bueno. En las redes sociales de aquel país empezaron a opinar sobre ese extraño comportamiento.
De acuerdo con algunas versiones, un therian puede llegar a sentirse realmente como el animal que personifica, lo que se conoce como “phantom shift” o “desplazamiento de personalidad”.
“Nos vemos como animales y sentimos realmente partes de nuestro cuerpo que no están ahí”-señalan algunos de esos desadaptados, de acuerdo con el reporte de la cadena de noticias SMN.
Pregúntome yo: ¿Qué necesidad hay de todo eso? ¿Qué sigue después?
Yo les recomiendo a los que están mal de la chaveta y se han unido a esta moda: De una vez, siéntanse como una águila, súbanse a un acantilado y tírense al vacío. Sentirán su “phantom shift” y creerán que tienen alas de verdad. Lo malo es que unos segundos después se darán cuenta de la cruda realidad.
O puedo sugerirles que se vistan y comporten como un buey de lidia. Váyanse a una plaza de toros, enfréntense al Curro Rivera o al Niño de la Capea, realicen suertes como la Verónica, la Chicuelina o la Gaonera.
Y después, ya que tengan clavadas todas las banderillas en el lomo, prepárense para la embestida final, donde les clavarán una afilada espada.
Y el refrán estilo Pegaso dice así: “Yo de mente de mente y ella ex traviadita de sus facultades mentales”. (Yo lo coloco y ella lo quita).

