Por Pegaso
Primatólogos de la reserva de Ngogo, en el Parque Nacional Kibale, Uganda, han hecho un descubrimiento fascinante: Dos grupos de chimpancés que habían convivido pacíficamente en los últimos veinte años de pronto empezaron a hacerse la guerra.
Tal vez se contagiaron del espíritu bélico de sus primos cercanos, los humanos, o tal vez vieron un noticiero de televisión.
Lo cierto es que, prácticamente, de la nada, empezaron a partirse la madre entre ellos. Los estudiosos temen que este sea el inicio de una Tercera Guerra Mundial en el mundo de los simios, con todo y su Armagedón, en un conflicto que podría terminar con toda la población de monos en esa reserva.
No sé si entre ellos haya un Donald Trump, pero la noticia resulta por lo menos graciosa, porque nos hace pensar en que la conexión que tenemos con los chimpancés es mucho más profunda de lo que habíamos pensado.
Y eso nos remite (ahí vas otra vez con tus películas, reclama uno de mis dos o tres lectores) a la tesis que se maneja en los largometrajes de El Planeta de los Simios (Planet of the Apes, por su nombre original en inglés. La original se estrenó en 1968 y siguieron cinco secuelas, entre 1970 y 1973, con remakes en el 2001, luego una trilogía en 2014, 107 y 2024. Director de Rise of the Planet of the Apes: Rupert Wyatt. Protagonistas: James Franco, Freida Pinto, John Lithgow y Andy Serkis), donde un científico descubre una cura para el Alzhaimer, haciendo pruebas en chimpancés. La cura, que es básicamente un virus modificado llamado ALZ-112 hace mutar a una chimp llamada “Ojos Brillantes”, la cual está embarazada. El científico cuida a la cría mientras su madre es sacrificada. Pronto descubre que el bebé es casi tan inteligente como un humano. “César”, como se llama el simio, roba una versión mejorada del virus y convierte en inteligentes a un orangután y un gorila, y pronto, a una gran cantidad de primates, que se van al bosque de sequoyas de California donde forman una colonia. En las secuelas siguientes, éstos hacen la guerra al hombre y casi acaban con él.
A mí me gustó más la primera de esas películas, donde un astronauta viaja al espacio acompañado de un chimpancé. Al aterrizar de emergencia en otro planeta, se encuentra con que los monos tienen una inteligencia similar a la humana. Al final, cuando intenta regresar a La Tierra, llega a nuestro planeta pero descubre, ¡oh, sorpresa!, que en lugar de tener una civilización humana, es de monos.
Moraleja: Los últimos acontecimientos mundiales que nos han colocado al borde de nuestra propia extinción también nos colocan intelectualmente a la altura de los simios.
Tal como ocurre en la Reserva de Ngogo, el humano está peleando por mantener el dominio de su territorio y de los recursos. No hay mucha diferencia entre unos y otros.
¿O sí? Lo que pasa es que el Hombre tiene la capacidad suficiente para destruir el mundo entero y los changos, hasta donde se sabe, solo pueden descalabrarse con piedras o palos, sin afectar significativamente su entorno.
¿Será posible que un simple grupo de peludos animales nos den cátedra de cómo zanjar nuestros problemas?
Yo les daría una solución más changona, ahora que va a empezar el Mundial de Futbol México/USA 2026: Juéguense el petróleo y el control del Estrecho de Hormudz en un partido de futbol.
No sé si en el sorteo les tocó enfrentarse a Estados Unidos con Irán, o a Israel con Irán, pero sería más barato para todos poner el destino del mundo en 22 pares de piernas, que en cien mil misiles balísticos.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “¡A deglutir y a ingerir bebidas alcohólicas, puesto que el orbe llegará a su término!” (¡A tragar y apistiar, que el mundo se va a acabar!)
