Por Pegaso
Navegando en las redes sociales me encontré con un chisme que confirma lo que siempre se ha sabido y que forma parte del pasado de una bella actriz de la época del cine de ficheras: Maribel Guardia.
Resulta que su nuera, viuda de Julián Figueroa, su hijo fallecido hace poco tiempo, declaró que su querida suegra participaba en rifas donde pelaos billetudos ponían 100 mil pesos y el que resultaba ganador, tenía a la escultural vedette para él solito durante toda una noche.
Era práctica común entre todas las mujeres exuberantes de la época hacer ese tipo de sorteos.
Aquí, en Reynosa, circula la siguiente anécdota: Un señorcito chaparrín llegó cierta noche al palenque de la Feria, donde había varios ricachones conocidos.
Uno de ellos lo invitó a sentarse en una de las primeras filas. Actuaba la despampanante Olga Breeskin, quien tocaría su violín esa noche como siempre, con poca ropa.
-Ten-le dijo su amigo. Se va a rifar una noche con Olga.
El costo del boleto era de 200 pesos de aquellos.
Se guardó el pedazo de papel en el saco y se dispuso a disfrutar del espectáculo.
Llegó la hora de la rifa, con tan buena suerte para nuestro galán, que tenía el boleto premiado.
Todos los felicitaron y envidiaron. Algunos le hacían bromas con respecto a su baja estatura y él no podía creer que estaría con una de las estrellas más cotizadas y deseadas de toda la farándula de aquellos años.
Total. Terminaron las presentaciones en el palenque y el ganador se trasladó hasta el Hotel Engrei, donde se hospedaba Olga Breeskin.
En la entrada, en los escalones y hasta en los barandales había guardias de seguridad, cuidando la integridad de la famosa.
Llegó el hombrecillo con el boleto ganador y se presentó, relamiéndose los bigotes ante lo que consideró sería la mejor noche de su vida:
-Yo traigo el boleto ganador de la rifa-dijo.
Entonces, Olga Breeskin sacó un billete de doscientos pesos de su bolso y se lo entregó al desilusionado sujeto.
El mundo de la fama tiene su lado oscuro. En Televisa, en Telezteca y en la mayoría de los medios masivos de comunicación que fueron y siguen siendo plataforma de lanzamiento de estrellas, los aspirantes tenían que pasar primero por las armas de algún poderoso ejecutivo o productor.
El Tigre Azcárraga, Raúl Velasco, Sergio Andrade, Chabelo y toda esa retahíla de gandallas se hartaron de probar de todo, hombres, mujeres y hasta niños.
Los mismos padres, con tal de que sus hijos fueran famosos, los metían a las academias donde eran fácil presa de los depredadores sedientos de carne fresca.
Al paso del tiempo veíamos a aquellas nuevas y fulgurantes estrellitas brillando con un éxito abrumador.
Ahora sabemos, por declaraciones de Kate Del Castillo y otros personajes que vivieron de cerca todo ese degenere, que había incluso catálogos completos con las fotografías y datos de cada actriz o actor de telenovela o cantante famoso.
Ignoro si se sigue haciendo, pero la verdad, muchos nos asombramos cuando conocemos testimonios como el de la nuera de Maribel Guardia y las anécdotas de Olga Breeskin.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso, cortesía de Chico Ché: “¿A qué individuo pertenecen?” (¿De quén chon?)

