Por Pegaso
Me quedo anonadado, patidifuso y medio apendejadón al leer algunos párrafos del libro que sacó Julio Scherer Ibarra, hijo del mítico director de la revista Proceso, Julio Scherer García, titulado “Ni venganza ni perdón”.
Siendo uno de los primeros funcionarios de alto nivel que saltaron del gobierno de ALMO, en su libro escupe parte de lo que sabe, pero no todo.
Yo siempre me he preguntado el que si algunos de esos personajes que han estado cerca del poder dijeran todo lo que saben, rodarían cientos de cabezas, no solo de este sexenio, o del anterior, sino de mucho antes.
Pero eso no lo van a decir. Se condenarían a sí mismos.
Pero los periodistas, los verdaderos periodistas, sí están comprometidos con la verdad.
Que me perdonen aquellos que idolatran al fundador de Proceso, pero para mí, no es el mejor periodista que ha tenido México.
Proceso es prensa militante. Lo que significa que nació de la izquierda y siempre ha apoyado a personajes de izquierda, como el mismo Scherer Ibarra lo dice en las primeras páginas de su libraco.
La prensa libre, el verdadero periodismo no puede ser militante de nada, más que de la verdad.
Para quienes están poco familiarizados, la prensa militante es toda aquella que aboga por un partido, una empresa, una causa, una ideología, etcétera. Y al hacerlo, descarta y rechaza otro tipo de pensamientos y filosofías.
El periodismo, la prensa libre, definida de manera ontológica, es a priori, enemiga de las etiquetas.
El periodismo militante, la prensa militante, la prensa oficialista, es algo necesario, pero no representa la verdadera esencia de la libertad de expresión.
Esta definición trae consecuencias inesperadas. Por ejemplo, un periodista en el ejercicio de su oficio, debe ser congruente entre lo que publica, y su propio comportamiento.
No puede tener religión, ni partido, ni credo ni nada. Solo procurar que se sepa la verdad de los hechos.
Presenta los datos duros, tal cual son, sin quitar ni poner nada. Corresponderá al lector hacerse una opinión propia.
El periodista debe presentar una tesis con su respectiva antítesis, y al lector le corresponde la síntesis.
En el periodismo no caben las opiniones personalizadas. Aún cuando un reportero hace una entrevista, debe reflejar fielmente las palabras del entrevistado, sin agregarle ni quitarle nada.
Cuando se trata de un reportaje de investigación, es necesario tomar en cuenta toda la información disponible y presentarla al público para que éste tenga una opinión bien sustentada.
A pesar de que en el periodismo hay comentarios editorializados, responsabilidad del medio o del columnista, aún así es necesario ajustarse al único criterio válido en este sacrificado oficio, que es el decir la verdad.
En este mundo de información sesgada, donde es más importante darle “likes” a cualquier porquería antes que a un contenido útil, educativo, constructivo o informativo, el verdadero periodista, la verdadera prensa libre es una rara avis.
Viene el refrán estilo Pegaso: “¡Fracturándose, fracturándose!” (¡Quebrándose, quebrándose!)

