Por Pegaso
El PRI gobernó México durante casi ochenta años. Fue en su tiempo un partido de izquierda moderada o centro izquierda, populista, pero funcional. Sin embargo, llegó a degradarse hasta convertirse en una dictadura simulada. Se le llamó dictablanda.
En sus inicios, sin embargo, fue un sistema político necesario para la transición de nuestro país después de guerras intestinas que lo debilitaron.
Pasamos de un dictador, como Porfirio Díaz, a un tirano, como Victoriano Huerta, hasta llegar a un político de mano dura, como Plutarco Elías Calles.
El Maximato fue el período comprendido entre 1928 y 1934, caracterizado por la influencia decisiva de Plutarco Elías Calles en la política nacional, a pesar de no ser presidente.
Comenzó tras el asesinato de Álvaro Obregón y se extendió durante los gobiernos de tres presidentes: Emilio Portes Gil, Pascual Ortiz Rubio y Abelardo L. Rodríguez.
Aunque Calles había terminado su mandato presidencial en 1928, su influencia se mantuvo como el “Jefe Máximo de la Revolución”, controlando las decisiones políticas a través de estos presidentes, a quienes se les consideraba “títeres” de su voluntad. (Copilot Search).
Es decir, Plutarco Elías Calles fue el “Jefe Máximo de la Tercera Transformación”, la 3T, o sea, de la Revolución Mexicana. Fue en ese período en que se creó el partido de gobierno llamado en aquel entonces Partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente del PRI.
Pero después vino el tata Lázaro y le dio unas patadas en las donas, enviándolo al exilio en Estados Unidos y dejó de meter su cuchara en las decisiones del país.
Hoy, hoy, hoy -como decía Chente Fox- tenemos un maximato light, un maximato disfrazadón o llamémoslo así: Un maxiblando.
En realidad, quien sigue mandando en el país, bien disimuladito, desde “La Chingada”, es el Cabecita de Algodón, también conocido como #YSQ, ALMO, El Rorro de Macuspana o con su nuevo mote que le endilgó su esposa, Doña Beatriz de Aragón: El Loco Hermoso.
El control de la política nacional continúa en sus manos. Creo que la única que todavía no lo sabe es la presidenta Claudia Shiquitibum, pero el resto de los mexicanos pensantes sabemos que su presencia sigue ahí, fuerte, influyendo en el destino inmediato de la Nación.
Y lo vemos porque su proyecto sigue vivo: Se ha logrado el control absoluto de los tres poderes de la Unión: El Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial. Se mantiene una clientela abundante de votos, gracias a las pensiones universales y a los apoyos sociales, como las becas Benito Juárez y Rita Cetina para los estudiantes.
No hay forma en que millones de mexicanos se zafen de ese compromiso moral metido a chaleco. ¿Quién puede no estar agradecido con un gobierno que le entrega 6,200 pesos bimensuales? Nadie, en su sano juicio.
Es más, cuando yo cumpla mis 65 y vaya por mi chequesote, voy a ir a besarle los juanetes al Loco Hermoso, si es que me dejan llegar a “La Chingada”.
El maxiblando de #YSQ transfiere todo el punch al gobierno de Claudia Shiquitibum. En las últimas mediciones, todavía el 70% de los mexicanos apoyan su gestión, pese a las sospechas más que fundadas de la relación con el narco. Como que al Pueblo Bueno y Sabio le vale sorbete esa nimiedad, siempre y cuando le sigan dando su pensionsita y no les toque a ellos algún tema de desaparición o de violencia.
A como van las cosas, este nuevo sistema de gobierno se prolongará por lo menos otro sexenio, o hasta que se acabe la lana que les dan a los pensionados.
Mientras eso ocurre, nos quedamos con el refrán estilo Pegaso, cortesía de El Loco Hermoso: “Apego emocional con apego emocional se sufraga”. (Amor con amor se paga).

