Por Pegaso
Una de las máximas del Poder es que éste no se comparte por mucho tiempo.
Lo supo Plutarco Elías Calles cuando intentó seguir mangoneando a Lázaro Cárdenas como Jefe Máximo, lo sabe ahora el Cabecita de Algodón, cuando la actual Presidenta, Claudia Shikitibum ha empezado a destetarse, echando a patadas de su gobierno a figuras icónicas del obradorato, como Marx Arriaga y Adán Augusto López.
Hablando de este último, ayer llegaron funcionarios de la Secretaría de Educación hasta sus oficinas de la Dirección General de Materiales Educativos, enviados por el Secretario Mario Delgado para decirle que agarrara sus tiliches, porque a partir de ahora ya no existe más ese nombramiento.
No quería irse. Se agarró de su escritorio a veinte uñas y cuatro policías tuvieron que tomarlo de a aguilita para sacarlo de la oficina. Con los ojos húmedos y un pucherito, el pobre Marx todavía decía: “Atrévanse a ponerle esposas a quien diseñó la Nueva Escuela Pública Mexicana”.
Y aunque amenazó con cesarlos, los cumplidos agentes del orden fueron y lo aventaron a la calle, después de ser uno de los más influyentes, protagonistas y prepotentes funcionarios cobijados por el gobierno de ALMO.
Marx, de origen venezolano, hasta el nombre tiene de comunista. Sus papacitos creyeron que sería bueno ponerle a su vástago el nombre de Karl Marx, uno de los creadores de la doctrina socialista, como una especie de homenaje.
Lo que no supieron fue que con el paso del tiempo, este personaje se iba a deschavetar, y su legado quedó plasmado en los nuevos libros de texto que más que educar, adoctrinan a los niños.
Básicamente, lo que creía o cree Marx Arriaga es que los niños deben darse cuenta de su realidad para que se adapten y se conformen con ella y puedan ser felices, sin esa molesta manía de querer tener un mejor nivel de vida.
Solo hay que echar un vistazo a los libros de texto, donde abundan los sinsentidos:
1.- Faltas garrafales de ortografía y gramática. Esto ha generado críticas por parte de asociaciones de padres de familia a lo largo y ancho del país.
2.- Errores en ilustraciones. Por ejemplo, una mano de seis dedos.
3.- Información histórica incorrecta: Entre otros casos, asegura que la fecha de nacimiento de Benito Juárez fue el 18 de marzo de 1806, cuando la fecha correcta es el 21 de marzo de ese año.
4.- Contenido altamente ideológico y doctrinario: Esto ha llevado a partidos de oposición a solicitar amparos para frenar su distribución.
5.- Errores en contenidos matemáticos.
6.- Prevalece la misoginia: En las ilustraciones hay muchos más varones que mujeres.
El propio Marx Arriaga reconoció en varias ocasiones que los libros de texto sí traen errores, pero minimizó su importancia al asegurar que solo son unos veinte.
De cualquier modo, después de ser expulsado vergonzosamente de la Secretaría de Educación Pública por órdenes del también corruptazo Mario Delgado, a quien se relaciona mucho con el tema del huachicol, se espera que haya una corrección de todo lo que está mal en los libros de texto.
Un gasto multimillonario que tendrá que hacerse para ponerles parches, corregir o desaparecer dichos errores.
Yo pediría, si mi opinión es válida, que los vuelvan a hacer. Que quiten toda esa basura socialistoide e incluyan nuevamente asignaturas como Civismo, que enseñaba a respetar no solo a las instituciones y símbolos patrios, sino a nuestros padres y a nuestros semejantes.
Que envíen enlatado de regreso a Venezuela al tal Marx Arriaga, que solo vino a México a revolotear el avispero.
Y un aplauso para la Presidenta Claudia Shikitibum, que de una vez por todas ya se decidió a sacudirse la tutela del viejillo bolsas miadas, remedo de Calles.
Así pues, nos quedamos con el refrán estilo Pegaso que a la letra dice: “Falleido el can, concluyó la hidrofobia”. (Muerto el perro, se acabó la rabia).

