Por Pegaso
Se han aprobado diversas leyes para favorecer a las mujeres, pero no hay ninguna para hacernos justicia a los feos.
Me explico. La Ley Olimpia condena a aquellos sujetos que suben material explícito a las redes sociales sin consentimiento de su pareja.
La Ley Valeria, por otro lado, sanciona el acoso en cualquiera de sus modalidades.
Si se fijan, dichas leyes fueron creadas específicamente para proteger a las mujeres guapas, porque a las feyoyas nadie las anda molestando, ni tomando fotos subidas de tono. Ya que solo el 80% de las féminas son agraciadas, tales reglamentos solamente favorecen en realidad a un segmento de ese grupo de población.
Si somos objetivos, las mujeres hermosas, que ahora cuentan con ese escudo legal, siempre han tenido ventajas sobre nosotros, los sufridos y abnegados varones: Les llevábamos serenata, las invitábamos a cenar, les comprábamos flores, les abríamos la puerta del oche y todos los gastos corrían a cargo de nosotros. Eran los privilegios que tenían las mujeres en los buenos tiempos. En los tiempos románticos que ya no volverán.
Lo progre ha acabado por volver a las mujeres en objetos de cristal, a quienes no podemos siquiera ver con ojos de agrado porque interpretan que las estamos acosando.
Pero está bien. Son los signos de los nuevos tiempos y los caballeros tendremos que cuidarnos bastante de no incurrir en situaciones donde se nos pueda acusar de acoso sexual.
Pero lo que yo quería decir es lo siguiente: Si todo mundo ya tiene su ley que lo protege y le garantiza justicia, ¿Cuándo tendremos los feos una legislación que nos favorezca?
Para empezar, si uno es más feo que La Gilbertona, será casi imposible que llegue a tener novia y mucho menos, casarse y formar una familia.
Los feyoyos, aunque no lo crean, también tenemos derecho a la procreación, a gozar de las delicias de Himeneo, o como dicen ahora los chavos: Al delicioso.
Los guapos tienen las viejas que quieran, pero los feos solo podemos ver sin tocar. Somos como los perros de carnicería: Vemos los filetes desde el aparador.
Si a usted le tocó ser feo se habrá dado cuenta que cuando le lanzaba un cándido piropo a una bella dama, ésta le hacía cara de fuchi.
Pero si el mismo piropo lo hacía algún galancete de pacotilla, hasta le hacían ojitos, y más si ese mancebo mostraba tener billetes.
Por eso mismo, yo exhorto a los legisladores para que hagan leyes que favorezcan a los feos. Creo que si la promueven, se ganarán el agradecimiento del 90% de la población del país y eso se traducirá en votos para futuros proyectos políticos.
Allá ustedes, si no aprovechan esta magnífica idea.
Viene el refrán estilo Pegaso: “El Hado de la poco agraciada, la hermosa lo anhela”. (La suerte de la fea la bonita la desea).

