AL VUELO-Feyoyos
Hideous Monstrous Man staring at the camera with wide eyes, yellow crooked teeth with braces and huge nose. Eww! Ugly.

AL VUELO-Feyoyos

Por Pegaso

“¡Que se mueran los feos, que se mueran los feos! Que se mueran toditos, toditos, toditos los feos…” popular canción de los años sesenta que marcó a varias generaciones de feos.

Y a propósito de sujetos y sujetas poco agraciados, vi un mensaje en Facebook que dice más o menos así: “El 14 de febrero es para los guapos. Si eres feo, espérate hasta el Halloween. Ahora, que si eres feo y te sientes guapo, mejor aguántate hasta el día de los inocentes”.

Y sí. Es cierto. La celebración del Día de San Valentín o Día del Amor y la amistad no es para feyoyos.

Hoy estuve en varios restaurantes y la verdad, la verdad, es que solo gente bonita, bien bañadita y perfumada era la que entraba y salía.

En la calle sucedía exactamente lo mismo, como si en este día particular se hubieran puesto de acuerdo los guapos para sacar sus mejores trapitos y los feos para quedarse guardados en un baúl de su casa.

Los feos, aparte de feos, suelen ser pobres.

Alguien me hacía la otra vez una observación que, tras analizarla sesudamente me di cuenta que tiene algo o mucho de sentido: ¿Por qué los hijos de los ricos son bonitos y los de los pobres, feos?

No es un cuento. Váyase a una zona residencial y analice la apariencia de las personas que viven ahí. La mayoría son güeras, de ojos azules o verdes, piel blanca, altas y delgadas.

Ahora váyase a una barriada y verá pura gente prietita, panzoncita, chaparra, de pelo negro y cara de huarache.

La explicación que me dio la persona sobre este aparente inexplicable fenómeno es la siguiente: Los ricos secuestran a la gente guapa.

Supongamos: En un arrabal nace, por azares del destino, una niña hermosa. Aunque sus padres son feyoyos, ella crece con cierta gracia y donaire. A los doce o trece años empieza a hacerse notar por su belleza, y los galancetes del barrio se pelean por sus atenciones.

Al final de cuentas, escoge al menos desaliñado. Anda con él durante algún tiempo. A él se le cocen las habas por que ella llegue a la mayoría de edad y se puedan casar, aunque no tiene en qué caerse muerto.

En la escuela, la joven conoce a varios mancebos de buena posición económica. Pronto le tiran la onda y ella se resiste, porque aprecia a su novio pobre y feo.

Pero ante tanta insistencia, atenciones y regalos, no hay mujer que se resista, así que llega el momento en que su espíritu flaquea. Finalmente, tiene la disyuntiva de si quedarse con el pobretón y condenarse a una vida de privaciones, o dar su mano a torcer con el ricachón y guapo de la escuela.

¿Qué creen mis dos o tres lectores que escogería la grácil y bella chica de barriada?

Con el paso del tiempo, los ricos se van llevando a todas las mujeres – o también hombres- que viven en la miseria, pero que son guapos.

A final de cuentas, en el arrabal solo quedan los feos y las agraciadas jóvenes que pudieron salir de la miseria, gracias a su belleza, tienen hijos hermosos, con cabello fino, lacio y claro, piel blanca y cachetones, cachetones.

Es la forma en que la riqueza secuestra a la escasa belleza que llega a florecer en el pantano de la fealdad y la pobreza. Es por eso que los hijos de los ricos están bonitos y los de los pobres, feyoyos.

Pero no hay que hacerle caso a mi amigo. Como dicen las mamás de cualquier época y estrato socioeconómico: “Para una progenitora son inexistentes los vástagos repugnantes”. (Para una madre no existen hijos feos).

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