Por Pegaso
El Régimen de Excepción se refiere a un conjunto de medidas que se implementan en circunstancias extraordinarias que amenazan la paz, el orden público o la seguridad nacional. En la mayoría de las legislaciones se reconocen varios tipos de regímenes de excepción, entre ellos:
1.- Estado de Emergencia: Cuando hay situaciones que perturban la paz y el orden interno. Permite la suspensión de ciertos derechos constitucionales, como la libertad de reunión y la inviolabilidad del domicilio. Puede durar hasta 60 días con posibilidad de prórroga.
2.- Estado de Sitio: En caso de invasión, guerra civil o situaciones que amenacen gravemente la seguridad del país. En este estado, las fuerzas armadas asumen el control del orden interno y su duración no puede exceder de 45 días sin la aprobación del Congreso.
3.- Estado de Alarma: Respuesta a situaciones que impiden el funcionamiento normal de las autoridades públicas.
En un Régimen de Excepción hay concentración de poder en el mandatario otorgado por la Constitución, es transitorio y se decreta la suspensión temporal de determinados derechos.
En conclusión, el régimen de excepción es una herramienta legal que permite a los gobiernos responder a situaciones críticas de manera efectiva, pero su implementación debe ser cuidadosa para evitar abusos y garantizar que los derechos humanos sean respetados en la medida de lo posible. Es fundamental que estas medidas sean temporales y estén sujetas a supervisión legislativa para mantener el equilibrio entre la seguridad y la libertad.
Pregunta: En México, dada la tremenda crisis de inseguridad que padecemos, ¿se justifica un Régimen de Excepción?
En El Salvador, que hasta hace pocos años era el país más inseguro del mundo por la actividad de las pandillas, se estableció, se creó una megacárcel que no tiene el propósito de reinsertar a los criminales en la sociedad, sino mantenerlos aislados de por vida, y los resultados han sido extraordinarios.
No obstante, el presidente Nayib Bukele ha sido considerado por muchos países y organismos internacionales de derechos humanos como dictador.
La respuesta del mandatario ha sido: “¡Ahhh! ¿Sí, cabrones? ¡Tengan a sus delincuentes! Llévenselos. Si quieren, se los entrego envueltos y con moño, si tanto los quieren”.
En nuestro país hemos visto que hay avances. Omar García Harfuch, Secretario de Seguridad Pública ha tenido buenas acciones en contra de la delincuencia organizada y ya podemos ver que la política de “abrazos” no se está aplicando en la práctica, aunque la Presidenta Claudia Shikitibum insiste en rechazar una guerra declarada contra el narco.
Recientemente fueron abatidos en Reynosa una media docena de civiles fuertemente armados, incluyendo a una mujer.
Desde mi punto de vista solo tenemos dos caminos para pacificar completamente al país: O se instala un régimen de excepción o se pacta con los grupos de la delincuencia organizada.
Se hace en la mayoría de los países del mundo. En Estados Unidos, el Sindicato trabaja sin ningún problema, de acuerdo con el gobierno, en Rusia, la mafia opera sin mucho aspaviento, lo mismo en Italia con La Camorra, en Sicilia, La Cosa Nostra, en Japón Los Yakuza, en China, Las Tríadas. Todos ellos tienen pactos de no agresión con el gobierno, cada quien trabaja en lo suyo sin meterse con la sociedad civil. Y cuando alguno de ellos se sale del pacto, todos se le van encima, como a Juan Charrasqueado y lo sacan del juego.
Era lo que se hacía en México todavía en tiempos de Echeverría y López Portillo con la tenebrosa Dirección Federal de Seguridad, pero luego de Salinas De Gortari, de alguna manera, empezó a descomponerse todo, hasta llegar a este momento en que es necesario pensar en soluciones de fondo.
Tal vez digan desde el Gobierno: “Pe-pe-pero Pegaso, nosotros no podemos pactar con delincuentes”. Bueno. En otros países tienen negociadores plenipotenciarios que no son precisamente del gobierno, pero que están en sintonía. Es más, en Estados Unidos ni siquiera el Presidente sabe quién es el intermediario con El Sindicato, pero los acuerdos se cumplen y todo mundo trabaja en paz, haciendo lo que mejor sabe hacer.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “A enormes calamidades, enormes soluciones”. (A grandes males, grandes remedios).

