Por Pegaso
¿Por qué mi compadre se llama Armando y no Desarmando?
¿Saben por qué hay Leonardos y no Cebrardos o Hienardos?
¿Por qué, si la presentadora de televisión se llama Carolina, no puede haber Baratolinas?
¿Por qué mi amigo se llama Alejandro y no Acercandro?
Y si alguien se llama Sebastián, ¿por qué no puede haber uno que se llame Llegastián?
¿Es posible que pueda haber Felipes y no Tristepes?
Si alguien se llama Valentín, ¿no puede otro llamarse Cobardín?
¡Vamos! Si hay uno que se llame Agustín, podría bien haber otro que se llame Incomodín.
Y si a esas vamos, si existe el nombre de Gastón, ¡tiene que haber el nombre de Ahorrón!
Si doña Marina se llama así, ¿por qué no hay señoras que se llamen Vientinas o Tierrinas?
¿Por qué hay gente que se llama Azucena y no Asudesayuno?
Si la Presidenta se llama Claudia, tendría que existir el nombre de Claunoche.
Si hay Estela, tiene que haber Estrapo.
Y si Ricardo, Pobrardo.
En todo tiene que haber equilibrio para que este mundo exista.
Hay alto y bajo. Hay caliente y frío. Hay malo y bueno. Hay feo y bonito. ¿Por qué en los nombres no puede ser igual?
El toro se llama toro, pero la vaca, vaca. ¿Por qué no puede llamarse tora?
¿Y la yegua, caballa y la gallina, galla?
O al revés: Que el toro pueda llamarse vaco, el caballo yeguo y el gallo, gallino.
Equilibrio que tiene que existir también en las especies, y por ejemplo, no se puede cruzar a una Gallina con un Caballo porque saldría un Cagallo, o un Caballo con una Águila, porque saldría un Pegaso, como su servilleta.
¡Imagínense que podamos cruzar una Gallina con un Cerdo. Saldrían los huevos con sabor a tocino.
Cosas de la vida.
Viene el refrán estilo Pegaso: “Luego, ¿de qué variedad has inhalado?” ¿Pos de cuál fumaste?

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