Por Pegaso
Una conductora de televisión gringa fue despedida por hablar despectivamente del berreante “Conejo Malo”, después de su actuación en el Super Bowl.
¡No me imagino qué harían conmigo si supieran la sarta de dicterios, descalificaciones, insultos, ofensas, agravios, ultrajes, improperios y denuestos que he lanzado yo contra ese remedo de cantante!
Es claro que a mucha, muchísima gente le gusta. Las mujeres, por ejemplo, se sienten soñadas cuando las tratan como unas zorras en vivo, a todo color y en cadena mundial.
Los hombres, por otro lado, se identifican con esas letras misóginas.
Los niños aprenden cosas nuevas sobre cómo tratar a sus compañeritas en la escuela y ellas asimilan perfectamente el galano arte de perrear.
La conductora de televisión que fue despedida por sus jefes de la cadena E! (Entertainment Television) porque dijo que fue el peor espectáculo de medio tiempo de un super bowl y que no le parecía que a cada cinco segundos se agarrara la entrepierna frente a millones de personas que estaban viendo el espectáculo, fue puesta de patitas en la calle por dar su opinión personal.
La producción del programa publicó un comentario donde dice que se opone firmemente al racismo y la discriminación retórica que busca excluir o menospreciar a las personas por motivos de identidad, cultura o antecedentes.
Hasta donde yo sé, la gente pensante detesta ese tipo de música no porque venga de un latino, que además está más feo y hocicón que el mismísimo Bugs Bunny, sino por su contenido altamente erótico y misógino.
A esos ejecutivos de E! Entertainment les parece excelente idea que los chavales crezcan con esas ideas machistas, que sus propias hijas gocen, disfruten y consuman con fruición mensajes como: “Muchas quieren mi baby gravy, quieren tener mi primogénito, ¡ey!, y llevarse el crédito. Ya me aburrí, hoy quiero un totito inédito, uno nuevo, uno nuevo, uno nuevo, uno nuevo, ¡ey!”
Perdón, pero eso no es cultura. Ni siquiera cultura popular. Es una aberración y un insulto al buen gusto.
Ya sé, ya sé. Son los nuevos tiempos. Pero por eso mismo, representa una regresión de la mente humana y yo me pregunto, ¿qué es lo que verán y escucharán nuestros niños en unos diez o veinte años?
Aquí, en México, sin ir más lejos, son muy populares los narcocorridos y canciones que hacen alabanza al crimen. Se escuchan en todas partes: Entre los albañiles que están en la obra, en las casas, en fiestas infantiles y hasta en espectáculos públicos.
Pienso que existe el deber de los legisladores de evitar que todo eso llegue a contaminar la mente de los más pequeños, porque ellos aún no tienen el criterio para discernir entre lo que es edificante y lo que es un atentado al buen gusto.
Pero además, las letras misóginas, asociadas a sonidos repetitivos e hipnotizantes, los hacen pensar que es bueno tener muchas mujeres, tratarlas como basura y desecharlas como papel higiénico.
No es solo Bad Bunny. Antes que él está una retahíla de seudo cantantes que han abierto la brecha para normalizar conductas antisociales.
No por nada vemos cada vez con más frecuencia en los noticieros masacres, violaciones, asesinatos y todo tipo de atrocidades.
Y aquí los dejo con una verdad inquietante: El fentanilo no es la peor droga que está afectando a la sociedad. El reggetón lo es.
Por supuesto, todo mundo tiene derecho a escuchar lo que le gusta y le satisface, sin embargo, debe hacerlo en privado, no en espectáculos supermasivos.
Yo, por ejemplo, escucho las canciones de Javier Solís y no voy en mi carro a todo volumen por la calle.
Viene el refrán estilo Pegaso: “¡Eliminen mis signos vitales, puesto que perezco!” (¡Mátenme, porque me muero!)

