AL VUELO-Ayatolas

AL VUELO-Ayatolas

Por Pegaso

A los occidentales nos causa horror el trato que se da a las mujeres en los países totalitarios de origen árabe.

Las consideran casi al mismo nivel que los animales y las tratan como guaraches viejos. Para salir, van todas cubiertas del cuerpo y cuando están paradas parecen telas de la Parisina.

Si por alguna razón dejan ver su rostro en público o los tobillos, los varones tienen la obligación de agarrarlas a pedradas, para que aprendan.

No pueden salir a la calle sin ir acompañadas por un hombre. Tienen prohibido el acceso a la educación. Si un cuate las viola, las culpables son ellas por andar de provocadoras.

Pero, ¿por qué nos extraña y nos provoca horror todo eso, si apenas hace pocas décadas en México había costumbres similares?

Fíjense nomás.

En la canción de “La Martina”, se deja muy claro desde la primera estrofa que la chava era menor de edad:

Quince años tenía Martina

cuando su amor me entregó,

y a los dieciséis cumplidos

una traición me jugó.

En aquellos tiempos, antes de los 50s del siglo pasado, se acostumbraba que si un hombre ya grande de edad veía a una jovencita que le gustara, aunque fuera una niña, se preparaba para raptarla. En la oscuridad de la noche, a lomo de caballo, el sujeto llegaba hasta la casa de los padres, penetraba en el cuarto de la adolescente, la amordazaba y se la llevaba para hacerla víctima de sus más bajos instintos.

Días después, reaparecía, llevando consigo a la joven, ya convertida en su esposa, puesto que no faltaba algún sacerdote que con una feriecita les diera la bendición de Dios, y todo estaba arreglado: El rapto, la violación y la violencia utilizados en contra de la pobre chica quedaban olvidados porque había boda de por medio.

Total. Martina le hizo de chivo los tamales al marido y el sancho alcanzó a escapar, dejando caballo, silla y pistolas en la cama, como prueba de la infidelidad.

Esa misma tarde, el cornudo la llevó arrastrando hasta la casa de sus padres, de donde seguro se la había robado uno o dos años antes y les espetó:

Suegros, aquí está Martina

que una traición me jugó.

No era solo la actitud bárbara del individuo, sino la respuesta de los padres lo que hoy nos parece aberrante:

Llévatela tú, mi yerno,

la Iglesia te la entregó.

Si una traición te ha jugado

la culpa no tengo yo.

Y luego, el desenlace:

Hincadita de rodillas

nomás tres tiros le dio.

Y el amigo del caballo

ni por la silla volvió.

O sea, que aparte de cornudo, asesino, y peor aún, asesino de una niña que apenas tenía 16 años. Si entonces hubiera habido leyes progres como las que hoy tenemos -Olimpia, la Valeria y la Vicaria-, el tipo no la contaría.

Nuestro México lindo y querido era entonces un México bárbaro, casi igual a como vemos hoy a los países totalitarios árabes, donde los ayatolas, los kalifas y los emires mandan galleta.

Lamentamos que sus mujeres sean consideradas menos que objetos, pero para salir de esa opresión es necesario que ellas mismas luchen, como lucharon nuestras mujeres de aquellas épocas hasta lograr la igualdad, e incluso la superioridad con los malvados y perversos hombres.

Viene el refrán estilo Pegaso: “Apego emocional con apego emocional se gratifica”. (Amor con amor se paga).

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *