AL VUELO-Aniversario

AL VUELO-Aniversario

Por Pegaso

En el 2026 cumpliré 10 años de publicar ininterrumpidamente esta nefasta, deschavetada y furris columneja.
Fue en el 2016 cuando me decidí a crear un portal informativo que en aquel tiempo llamé “Reynosa Post.com”, que después del 2020 pasó a llamarse “Pegaso.press”, tras un hackeo que la tumbó por varias semanas, y en el 2024 me repitieron la dosis, para quedar como “Pegasso.net”.
Desde entonces, esta columna ha sido mi catarsis. A diferencia de las miles de columnas políticas, que no pueden salirse de ese tema, aquí puedo hablar de todo. No me limito.
A veces con reflexiones serias y en ocasiones jocosa, mi columna es y seguirá siendo la parte central de mi pensamiento, de la libertad que aún tengo de expresarme.
Pero además, en este año cumpliré 43 años de estar en este maravilloso oficio que es el periodismo. Si volviera a nacer no querría tener otro trabajo más que este.
Veo que a algunos compañeros con menos tiempo en el arte de picar teclas se les brindan reconocimientos, se les dan estatuillas y diplomas, muy merecidos, por cierto, pero yo, Pegaso, en lo particular, no me dejo guiar por el oropel.
La fama es efímera. Así como llega, se va. He visto tantos y tantos que llegan, brillan y se apagan pero este, su humilde servilleta, continúa al pie del cañón desde las tribunas en que me ha tocado estar.
Empecé mi carrera de picateclas en el periódico La Prensa de Reynosa, fundé con otros compañeros muy queridos El Valle del Norte, laboré en El Mañana, La Tarde, El Frontera, Multimedios, Radio Rey, volví a La Prensa y finalmente decidí trabajar por cuenta propia, con mi propia página web y en las redes sociales, ante las nuevas tendencias tecnológicas.
Hoy, el olor a papel que tanto amo, queda en el pasado. Las redacciones se ven vacías y cada creador de noticias lo hace desde la comodidad de su casa.
Recuerdo aquellos tiempos en que llegabas a un periódico y el Jefe de Información te daba una orden de trabajo que debías cumplir ese mismo día.
Cuando empezabas en el medio, te daban una libreta o una grabadora de esas de ladrillo y una cámara réflex.
Y aunque hasta los muertos salían movidos, uno se sentía orgulloso de que sus notas y fotos salieran publicadas, y que la gente pudiera ver el producto de nuestro trabajo.
Pero llegó el año 2000 y con ello, cambios importantes en las redacciones de los periódicos. Se cambiaron las vetustas máquinas de escribir Remington por modernas computadoras IBM y los teletipos fueron sustituidos por el fax.
Hoy en día, todo lo traemos en un simple aparatito que cabe en la bolsa de la camisa: El teléfono celular.
El celular no solo sirve para comunicarnos, sino que es cámara fotográfica, máquina de escribir, agenda, grabadora, archivo, reloj y muchas cosas más.
Me veo, al menos en la siguiente década, trabajando en esto mismo, haciendo lo que me gusta y sé hacer: Buscar información interesante y plasmarla en una nota informativa, o dar mi opinión editorializada siempre con bases sólidas.
Gracias a eso, he logrado tener a mis dos o tres lectores que son el motivo para seguir publicando mi columna. Y aunque solo uno me lea, para mí es más que suficiente.
Termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “A la senectud, patología viral propia de infantes”. (A la vejez, viruela).

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