Por Pegaso
Después que los iraníes le patearon el trasero, el Presidente de Gringolandia ya no quiere queso, sino salir de la ratonera, como dice el viejo y conocido refrán.
En efecto, con esa mofletuda cara anaranjada y su horrible sonrisa, anunció el mundo que ganaron la guerra y que ésta se terminó luego del bombardeo a enclaves estratégicos de Irán.
Por el otro lado, el actual líder de ese país, Motjaba Jameneí, dice que no, que la guerra seguirá y que hay que esperar una respuesta fulminante.
Como siempre, lo que El Trompas espera es que todo mundo caiga en su juego y su respuesta como siempre, será un: “¡No, no, no! Dije que la guerra se acabó y se acabó”.
Pero no ha sido así. Una de las leyes del poder es “Aplastar por completo al enemigo” (Las 48 Leyes del Poder. The 48 Laws of Power, por su título original en inglés. Autor: Robert Greene. Editorial: Océano). Básicamente, esta ley dice que si el enemigo no es completamente aplastado y derrotado, puede con el tiempo recuperarse y reorganizarse para buscar su venganza.
Otro que ya no halla la puerta es don Benja Natanyahu, Primer Ministro de Israel quien, si hacemos caso a las redes sociales, ya está pidiendo ayuda a su aliado gringo porque se le están acabando los misiles y las balas para defenderse de los ataques iraníes, que le están dando hasta por debajo de las muelas.
Pero por lo que veo, sus palabras no tendrán eco en Washington, porque El Trompas dice que ya ganó, que no hay nada más que hacer y que para Gringolandia es caso cerrado.
Se quedarán solos, y entonces se cumplirá aquel pasaje de La Biblia que dice que todas las naciones se volverán contra Israel, o al menos eso es lo que quieren hacernos creer las élites.
Y mientras tanto, como siempre ocurre, son los pueblos los que sufren por las decisiones de sus líderes políticos.
Cientos de soldados jóvenes de los países en conflicto han fallecido y sus familias, enlutadas.
La pregunta que se hicieron los norteamericanos cuando El Trompas decidió intervenir en el conflicto de Medio Oriente fue: “¿Y por qué chingados no manda a la guerra a sus hijos?”
No hubo respuesta. Solo la sonrisa cínica del orate.
Pero aparte, millones más sufrirán indirectamente los efectos de los bombardeos. La “lluvia negra” se abate sobre gran parte de Irán y países vecinos. La destrucción de pozos petroleros con potentes bombas vaporizó cantidades ingentes de hidrocarburos y estos se mezclaron con las nubes, provocando una enorme contaminación.
El Trompas tiene encendidos otros conflictos regionales: En Venezuela, en México y en Perú.
Muchos consideran que el poderío militar de Gringolandia disminuyó mucho, a tal punto que difícilmente podría sostener una guerra de larga duración.
En las redes sociales, como siempre, empiezan a aparecer comentarios relacionados con ese debilitamiento aparente. Ponen un mapa de América del Norte con los límites de México antes de que los gringos nos robaran más de la mitad de nuestro territorio, y afirman que en este momento, aprovechando la debilidad gringa, pudieran ir nuestros militares, invadir California, Nuevo México, Nevada y demás Estados norteamericanos que antes eran nuestros, y recuperarlos fácilmente, como pateando un bote.
Y así, tal vez porque vio que la mula le salió respondona y no pudo terminar de golpe con el corrioso gobierno de los ayatoles iraníes, El Trompas dice, jura y perjura que ganó la guerra y que esto ya es asunto terminado.
Por eso nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “Ya no percibes lo pétreo sino lo compacto”. (Ya no sientes lo duro, sino lo tupido).

