Por Pegaso
Dicen que las guerras que se están liberando en distintos puntos geográficos del planeta son el preámbulo de lo que será el Nuevo Orden Mundial, pero para mí que eso empezó a ocurrir desde hace 25 años, cuando un grupo terrorista logró derribar las dos torres gemelas de Nueva York y puso contra las cuerdas a la más grande potencia: Gringolandia.
En Europa todo mundo se está preparando para un gran conflicto continental. Conflicto que a mi juicio, podría llegar hasta los países americanos, incluido por supuesto, Mexicalpan de las Tunas.
Y no es que los iraníes vendrían a aventarnos bombas directamente, porque nos consideran una especie de aliado, y así lo demostraron con la reciente celebración del Día de la Independencia, cuando las autoridades de aquel país ordenaron iluminar con los colores verde, blanco y rojo su principal monumento.
Lo que va a pasar es que habrá efectos colaterales, donde la escasez de combustible, la suspensión del suministro de alimentos y todo el engranaje que mantiene vivas las economías de los países, estará en grave riesgo.
Si estalla un gran conflicto, las bolsas del mundo enloquecerán y el impacto será devastador.
En una guerra nadie gana, salvo los constructores de armas. Mueren niños, hombres, mujeres, viejos, jóvenes, enfermos, sanos, feos, guapos, güeros, amarillos, morenos y negros.
Recién vi un artículo que decía que Irán está preparando unos 500 misiles que planea dirigir a dos de las principales ciudades gringas: Washington, D.C., su capital y Nueva York.
Me imagino que para evitar daños catastróficos, Gringolandia tiene un sofisticado sistema de defensa, como el que mostró Rusia en días pasados ante el ataque de Ucrania a los linderos de la capital, Moscú.
Putín hizo el coraje de su vida porque algunos proyectiles sí lograron pasar la barrera y destruyeron parte de su infraestructura estratégica.
Pero vamos. En casos como estos todo mundo se cree experto en geopolítica.
Lo que sí está bien caborón es que habrá un fuerte impacto económico en países que no tienen nada que ver con la guerra.
Así que, habría que prepararnos. Hacer lo que hacen los pelos de elote desde hace mucho tiempo: Agarrar una pala y un pico, empezar a cavar en el patio de nuestra casa y armar un bunker con suficiente comida como para diez años.
Tan locos están los gringos que se han dado casos en que algunos se quedan encerrados. Hay hasta una película donde, pensando que hay un bombardeo, un sujeto se lanza hacia su búnquer y sale después de una o dos décadas, para darse cuenta de que no pasó nada.
No digo que hay que hacer lo mismo en nuestro querido Mexicalpan de las Tunas, pero en caso de que se llegue al punto del no retorno, es recomendable tener a la mano los suficientes suministros y alimentos para no pasarla tan mal en los meses o años que dure el conflicto.
Esperando que no lleguemos a tales extremos, termino mi colaboración de hoy con el refrán estilo Pegaso: “¡Que perezcan los individuos poco agraciados!” (¡Que se mueran los feos!)

