AL VUELO-ACME

AL VUELO-ACME

Por Pegaso

Si usted alguna vez va a hacer alguna chamba, o a perseguir algún escurridizo animal en el desierto, por favor no compre productos de la marca ACME.
Tome el ejemplo de Willie Coyote, que siempre cae en sus propias trampas porque todo lo que adquiere de esa marca sale chafa y falla cuando menos debe fallar.
Lo bueno es que la Procuraduría Federal del Consumidor ha atendido la queja del infausto cuadrúpedo canino que se queja amargamente de todos sus sufrimientos asociados con la marca ACME.
La PROFECO se ofrece a atender la denuncia del Coyote si acude a uno de sus módulos o se comunica al Teléfono del Consumidor.
Algunas de las violaciones que esa marca en particular estarían relacionadas con la baja calidad o incumplimiento a las normas oficiales.
Tampoco tienen garantía de devolución, de tal forma que el usuario pudiera solicitar la reposición de su dinero o la entrega de una unidad completamente funcional.
Pero, ¿qué diablos significa ACME? Los estudiosos del tema y los fanáticos de los Looney Tunes saben muy bien que el nombre de la marca proviene de la frase “A Company Making Everything”, o sea, la compañía que hace de todo.
Y esto es cierto. De pronto, en uno de tantos episodios del Coyote y el Correcaminos, vemos que Willy (así se llama el cánido) saca unas alas de Batman y se las ajusta al cuerpo. Acto seguido, sube a un risco del desierto y cuando ve venir al avechucho, se avienta al vacío para después aletear y perseguir a su presa, con tan mala suerte que se le atraviesa un espinoso cactus. Para acabarla de chingar, no se fija por donde va y cae al vacío.
Otro producto ACME que salió defectuoso fue la pintura negra que simula un túnel de ferrocarril. El coyote la utiliza para hacer creer al correcaminos que es un hueco en la montaña, pero este pasa a gran velocidad como si nada. Incrédulo, el coyote hace lo mismo, corriendo al interior del túnel, pero de pronto ve una luz que viene velozmente hacia él y acaba estampado en el frente del ferrocarril.
¿Y quién no recuerda aquel episodio donde utiliza una grasa marca ACME en los pies para facilitar la persecución, con tan mala suerte que no se puede detener y se va al precipicio, o cuando toma el tónico para fortalecer los muslos y logra correr más rápido que el correcaminos, pero a final de cuentas, cuando ya está a punto de alcanzarlo, surge de la carretera una placa metálica que había instalado anteriormente para frenar al veloz pajarraco, pero es él el que queda estampado.
El tema del Coyote y el Correcaminos vuelve a ser actual por la película de tiras animadas llamada precisamente “Coyote contra ACME”,
Es una supuesta situación donde por fin, después de tantos fracasos el tal Willy se presenta ante una corte norteamericana -no ante la PROFECO- para denunciar todos los daños y prejuicios que sufrió por el uso de tan deficientes artículos.
Quien vio en su niñez estas maravillosas historias aún las recuerda con cariño. Eran unos dibujos muy graciosos. A mí me encantaba Piolín, aunque quiero decir que siempre me pareció muy perverso, sobre todo cuando tomó la poción del Dr. Jekill para convertirse en Piolinhayde y perseguir al pobre gato Silvestre.
Hay una extraña interpretación de los fans de los Looney Tunes medio torcida. Cuando finalmente el coyote atrapa al correcaminos, no es precisamente para comérselo.
Las caricaturas que vinieron posteriormente resultaron muy grotescas e incluyen efectos ostroboscópicos y psicodélicos que afectan la frágil mente de los niños. Por eso en algunas partes ya se están prohibiendo, en vista de los efectos nocivos que provocan en ellos.
Vámonos con el refrán estilo Pegaso: “Era imperativo que se verbalizara, y se verbalizó”. (Se tenía que decir, y se dijo).

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¿Por qué no comienzas el debate?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *