Por Jesús Rivera
Reynosa, Tamaulipas. ¿Qué edad tendrá? Doce, catorce años…
En las redes sociales se hizo viral una escena donde se observa a un jovencito, presuntamente menor de edad, disparar con una arma de grueso calibre de uso exclusivo de las fuerzas armadas, hacia unos vehículos que circulaban por el otro cuerpo de la carretera.
La descripción que se puede ver en algunas cuentas de Facebook indica que los hechos ocurrieron en Matamoros recientemente.
El joven, de complexión delgada, tez morana, ataviado con un pantalón de mezclilla de color oscuro, camiseta azul marino, una mochila de campamento y un casco, se baja de un vehículo color blanco estacionado a un lado de la cinta asfáltica. Empuña el fusil semiautomático y dispara en repetidas ocasiones hacia el lado opuesto de la carretera.
No se ven claramente los vehículos que pasan debido a la lejanía, pero se alcanza a apreciar cómo, en cada disparo, la bala genera una onda de choque, señal evidente de que se lanzó el proyectil.
El fusil porta una mira telescópica con la que el presunto menor “afina” la puntería, antes de accionar el gatillo.
Las reacciones en las mismas redes sociales no se han hecho esperar y la mayor parte de ellas condenan a los padres por la escasa o nula educación de sus hijos.
Otros manifiestan que la culpa la tienen los gobiernos que prohibieron los correctivos de los padres.
Pero evidentemente se trata de la manifestación más estrujante del poder que han alcanzado en México los grupos de la delincuencia organizada.
El reclutamiento de niños es un hecho documentado. Desde pequeños se les asignan tareas básicas en el submundo del crimen y conforme adquieren experiencia, se les entregan armas de fuego, como posiblemente ocurre en este caso.
Y debido a su inmadurez, se les hace fácil tomar el arma y disparar a diestra y siniestra para demostrarse a sí mismos y a los demás que ya son suficientemente hombres para emprender otro tipo de encargos, el de sicario, por ejemplo.

