Por Pegaso
Falleció un cuate conocido en Tik Tok y en otras redes sociales como “Ateo Digital” e inmediatamente los católicos y los cristianos manifestaron su gozo y su contento, porque dijeron que era un castigo divino.
Falleció relativamente joven. Un infarto.
La totalidad de su contenido era para difundir el ateísmo y criticar a los creyentes.
En respuesta a los comentarios de estos últimos, quienes lo consideraban como una especie de bestia apocalíptica o discípulo del diablo, sus seguidores lamentan su prematuro fallecimiento.
Otros han creado estampas con Inteligencia Artificial donde se le ve ardiendo en el infierno y hasta hacen memes de él con frases como: “Sepárame un lugarcito allá abajo”.
Hablando de ateísmo, cuando una persona le preguntó por qué es ateo al reconocido biólogo evolutivo Richard Dowkins, autor de algunos libros como “El Espejismo de Dios” y “El Gen Egoísta” (de éste último hemos tomado hoy en día la palabra “meme” para designar una idea que se difunde rápidamente en las redes sociales), contestó que no lo era, simplemente él tenía un dios menos que su interlocutor, un creyente católico.
En efecto, hay miles de dioses a lo largo y ancho del mundo. Los que profesan el catolicismo, el islam o cualquier otro credo de un solo dios ignoran al resto de ellos.
Entonces, Richard Dowkins, que no creía en ninguno, tenía un dios menos que ellos.
Yo, Pegaso, no veo necesidad de tan estéril discusión.
Durante miles y miles de años se ha discutido si existe o no existe Dios. En las últimas décadas el número de personas no creyentes ha ido en crecimiento, pero aún son una aplastante mayoría los que sí creen.
Para mí existen dos tipos de ateos: Uno, aquellos que creían pero que por alguna razón dejaron de hacerlo y ahora están convertidos en feroces críticos de la religión.
Y dos, los verdaderos, los que jamás creímos en tales fantasías porque sí pasamos por la escuela y obtuvimos el conocimiento básico para aprender que el Universo por sí mismo es mucho más maravilloso y sorprendente.
Nosotros mismos no nos llamamos ateos, porque esa palabra es peyorativa y la utilizan los creyentes para mostrar su desprecio a quienes piensan diferente a ellos.
Preferimos que se nos designe como positivistas. El Positivismo es una corriente filosófica basada en el conocimiento y el método científico.
Pero si alguien me pusiera un cuchillo en el pescuezo y me obligara a creer en algún dios, no preferiría al Dios de Spinoza, como Einstein, sino al Dios de Conan, El Bárbaro.
Crom, el dios de Conan, jamás escuchaba plegarias, no se metía en tu vida, no había creado nada, no tenía infierno, ni purgatorio, ni paraíso, ni hacía promesas de nada, sino que dejaba a sus acólitos solos para que ellos lograran lo que se proponían con su sola fuerza física, voluntad y coraje.
Total. Para mí el “Ateo Digital” era del primer tipo de ateo. En algún momento de su vida dejó de creer en potestades divinas y se convirtió en acérrimo enemigo de las religiones.
Viene el refrán estilo Pegaso: “A la deidad implorando y con el mallete impactando”. (A Dios rogando y con el mazo dando).

