AL VUELO-Mentirilla

AL VUELO-Mentirilla

Por Pegaso

¡Amiguita! ¡Sí, tú! La que está en secundaria o preparatoria.
¿Quieres jugar un divertido y jocoso juego mejor que Roblox o cualquier otro ecosistema de entretenimiento en línea?
Inventa una mentirilla inocente. Pídele consejo a tu novio, el maruchero del barrio o a tu amiga la alcahueta. Di que aquel profe que te reprobó el semestre pasado te hizo tocamientos obscenos. Acúsalo de abuso sexual. Sube a tus redes sociales y pide a tus compañeritas que lo repliquen, hasta hacerlo viral.
Mantente en tu versión, Menciona que, estando solos en el salón, o en el patio de la escuela, quiso ligarte, aún sabiendo que eres menor de edad. Ponle enjundia y arroja unas cuantas lágrimas para que tu historia pegue con ganas.
No te asustes si de pronto todo se sale de control, porque las mamás y los papás se ponen especialmente fúricos cuando alguien les toca a sus bendiciones. Tú sostén tu versión, aunque el profe asegure, jure y perjure que jamás traspasó tu espacio vital (es decir, que jamás te tocó).
Si llevaste el caso al Ministerio Público, ya no habrá marcha atrás. Aún siendo inocente, el educador será satanizado en las redes sociales, perderá su chamba, su pareja e incluso, se suicidará.
Pero eso que no te importe. Tras el desenlace fatal, sube a tus redes un video donde pides perdón con todo el arrepentimiento de que seas capaz de manifestar. Nuevamente suelta las lágrimas, que eso no falla.
Pese a todo, siéntete satisfecha porque la ley te protege. Siempre te van a creer más a ti porque eres la víctima natural y el profe es un degenerado potencial que nada más anda buscando la oportunidad para saciar sus bestiales instintos. No hay manera de que te gane, porque no existe en este momento en la ley el principio de presunción de inocencia. Y el debido proceso muchas veces no se ejecuta porque hay juezas y magistradas que actúan por instinto. Por instinto femenino, se entiende.
La verdad es que sí existen maestros calenturientos que merecen eso y más.
Afortunadamente son los menos. Y la mayoría de los docentes han aprendido que no vale la pena perder lo más por lo menos.
En tiempos de la posverdad, y con las redes sociales de por medio, es mucho menos probable que haya casos verdaderos de acoso o abuso sexual de parte de los teachers hacia sus alumnas o alumnos.
Hace unos meses salió a luz uno de esos casos donde un profe tenía como novia a una de sus alumnas de trece años y quería que sus padres le dieran permiso de andar con ella.
Por supuesto, el abusivo sujeto fue sentenciado y recluido tras las rejas.
Pero, ¿y si sí?
Bueno. Siempre hay la manera de que los padres prevengan a sus hijas de la posibilidad de enfrentarse a una situación difícil con un adulto, llámese docente, directivo de escuela o intendente. Si el acoso es verdadero, se tienen que agotar primero las instancias internas del plantel para que el responsable sea removido de inmediato y luego llegar a procesos judiciales.
Pero si el supuesto delito es inventado por una o un estudiante solo porque el profe le cae gordo o porque lo reprobó, deben saber también que están expuestos a consecuencias legales, como la expulsión u otras, de acuerdo a la gravedad de la situación.
Recuerda que esto no se trata de una travesurilla más o de un berrinche. Habría forma de comprobar si el adulto ha cometido un abuso o si es inocente de lo que se le acusa, siempre y cuando se respete la presunción de inocencia. Si durante un proceso legal el presunto responsable se da a la fuga o salen más pruebas contundentes que lo hundan, entonces no existe duda de su culpabilidad.
Por el contrario, si sostiene su inocencia, si da una versión creíble y si a eso se agrega que la alumna que lo acusa fue reprobada o reprendida por un buen motivo, entonces estaremos probablemente ante un caso de injuria o difamación.
Viene el refrán estilo Pegaso: “¡Procedan a quitarme la existencia, puesto que perezco!” (¡Mátenme, porque me muero!)

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