Por Pegaso
Yo lo he visto. La euforia provocada por los triunfos de la selección mexicana provocan en los aficionados un comportamiento vandálico.
Se vio en Los Cabos, cuando un enfurecido automovilista al que la turba bloqueaba en una calle se lanzó en contra de ellos, atropelló a 17 y posteriormente falleció por las lesiones que le produjo un linchamiento tumultuario.
Luego, en el Ángel de la Independencia, una estampida causó la muerte de cuatro personas, y en un barrio popular, mientras unos hinchas veían el partido de México, sicarios de un grupo de la delincuencia organizada arremetieron a balazos contra ellos.
No hay duda lo que ilustra la curiosa caricatura de Cucho (ver ilustración): Los fanáticos mexicanos están involucionando, al revés de la evolución darwiniana. Se están convirtiendo en orates capaces de todo.
Aquí, cerca de la frontera con Estados Unidos, al terminar los partidos de México, una multitud enardecida se lanza a las calles, tratando de voltear patrullas y vehículos particulares.
La ciencia ha demostrado que ante fuertes estímulos, por ejemplo, el triunfo de un equipo de futbol, el cerebro libera grandes cantidades de endorfina, una hormona que provoca euforia y excitación.
Hasta ahora van apenas unos cuantos muertos por el avance del equipo mexicano a las semifinales, con cuatro triunfos contundentes donde los jugadores han demostrado un nivel nunca antes visto en un seleccionado mexicano.
La pregunta que surge es: ¿Qué pasará si ganan el quinto partido? ¿Enloquecerá la afición? ¿Se generalizará el vandalismo? ¿Habrá más muertos?
Yo creo que no vale la pena fanatizarse tanto.
Yo, Pegaso, al ver los partidos que ha jugado México, me emociono al ver los goles, pero hasta ahí. Todo normal, no me pongo a darle de patadas a los muebles ni hacerle manita de puerco a mi esposa.
Las grandes concentraciones, la reacción inesperada (o esperada) de las masas estúpidas debe ser considerado ya como una situación de riesgo antropogénica por parte de la Comisión Nacional de Protección Civil y actuar al respecto.
Si lo que hemos visto hasta ahora constituye una llamada de alerta para las autoridades porque México logró llegar a los 16 avos. de final, ¿qué se puede esperar si logran vencer a la poderosa escuadra inglesa? Los equipos vencidos hasta ahora, Sudáfrica, Japón, Chequia y Ecuador no estaban entre los mejores del torneo y más bien son catalogados como débiles o medianones.
Lo difícil será medirse contra los grandes, y el primer paso será Inglaterra, el próximo domingo, donde juega uno de los cracks vigentes, casi a la altura de Messi, Cristiano Ronaldo y Mbapé: Harry Cane, “el huracán”.
Pasará una de dos cosas: Si México gana, la locura será total, pero de felicidad. Habrá más vandalismo, más muertos y más desmadre, porque la selección nacional pasará a cuartos de final.
Pero si pierde, olvídense. La decepción será inimaginable y los efectos, catastróficos.
No quiero alargarme más. No se me vayan a encabronar Monhy Vidente, Baba Vanga y el brujo de Ghana por quitarles su chamba.
Mejor nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: “Te lo advertí con total claridad”. (Te lo dije bien clarito).

