Por Pegaso
Si usted es productor de narcopelículas y no quiere tener broncas con la autoridad, no clone vehículos oficiales, no use claves del ejército o la policía, no utilice vestimenta, equipo táctico o armamento exclusivo de las fuerzas armadas mexicanas solo para que sus tomas se vean más chingonas.
Es delito federal y se castiga con cárcel.
No sea ostentoso. Cuando termine de grabar, cambie su ropa camuflajeada por su atuendo normal, no entre a los restaurantes con armas, aunque sean de utiliería.
Mejor use resorteras en lugar de fusiles AK 47. Si no tiene para una resortera, pues utilice parque liga-ligazo o tirabolas, pero no se meta en camisa de once varas violando la ley de Armas de Fuego y Explosivos.
Por otro lado, la Ley Federal de Cinematografía asegura en su Artículo 2do. que es inviolable la libertad de realizar y producir películas.
En el Artículo 5 dice que “se entiende por película a la obra cinematográfica que contenga una serie de imágenes asociadas, plasmadas en un material sensible idóneo, con sonorización incorporada, con sensación de movimiento, producto de un guión y un esfuerzo coordinado de dirección, cuyos fines primarios son de proyección en salas cinematográficas o lugares que hagan sus veces y/o su reproducción para venta o renta.
La citada ley considera “obra cultural y artística” a ese tipo de producciones (Artículo 6to.), por consiguiente, debe ser preservada en su forma y concepción originales.
Existe libertad para la producción de largometrajes de casi cualquier tema, pero deben cumplir con ciertos requisitos y limitaciones.
Por ejemplo, existe una clasificación, donde la AA es para público infantil, A es para todo público, la B es para adolescentes de doce años en adelante, la C es para adultos mayores de dieciocho años y la D es para películas exclusivas para adultos, con sexo explícito, lenguaje procaz o alto grado de violencia.
Aunque las producciones con clasificación D incluyen todo tipo de contenido perturbador, no dejan de ser “cultura y arte”, de acuerdo con la definición que establece la Ley Federal de Cinematografía.
Ahora que si a usted no le gustan ese tipo de películas, simplemente no las vea ni las recomiende.
Vea mejor -no sé- documentales sobre la vida silvestre, películas sobre la vida y pasión de Cristo, temas de superación personal, de amor, de vaqueros, de ciencia ficción o cualquier drama de la vida real.
Hay miles de temas. ¿Por qué demonios insistiría alguien en producir puro contenido violento? ¡Pues porque es lo que quiere la raza y lo que más reditúa! Y además, hay estímulos del Gobierno Federal para realizarlas.
Pero si usted ya está en la industria tenga muy en cuenta mis salutíferos consejos: No incurra en violaciones a leyes federales, como la portación de armas de uso exclusivo del Ejército, no clone patrullas o vehículos oficiales y sobre todo, deje a su personaje en el plató, porque a final de cuentas es pura ficción o fantasía.
Viene el refrán estilo Pegaso: “Y una tríada de frituras triangulares posteriormente…” (Y tres doritos después…)

