Por Pegaso
Coincido con la Presidenta de Mexicalpan de las Tunas, Claudia Shikitibum: No debe haber censura en la libertad de expresión, incluyendo a la música.
Todo mundo puede componer narcocorridos, música misógina, música de asesinatos, de masacres, de exaltación a peligrosos líderes criminales, de violaciones… de todo se vale, porque no debe haber censura de ninguna especie.
Bajo la premisa presidencial, yo podría lanzar un álbum completito, con una música superpegajosa, exhortando a la gente a que vayan y le prendan fuego al Palacio Nacional, o a Bellas Artes o al Castillo de Chapultepec, al cabo que es libertad de expresión.
Todo eso se vale, siempre y cuando no se toque en público, sino que solo sea para consumo personal.
Lo malo es que a los mexicanos nos gusta presumir la música que escuchamos.
Si vamos en la calle, siempre pasa un imbécil con su horrible ruido a todo volumen, como diciendo: “Escuchen el buen sentido musical que tengo”. Como si a todo mundo nos encantara escuchar los berridos de Peso Pluma o Junior H.
Tengo un vecino que muy frecuente llega por la noche al edificio donde vivo y pone corridos tumbados a todo lo que da. Muchas veces dormimos mi Pegasita y yo hasta la una o dos de la mañana escuchando esa espantosa música.
Viene a colación todo esto porque recientemente la Presidenta llevó a la mañanera ni más ni menos que a Junior H, uno de los berreantes más exitoso de corridos tumbados y música belicona, donde se hace apología de delito, se exaltan figuras criminales y se sobaja a la mujer.
Muy orgullosa, la mandataria dijo que no, que no, que en su gobierno no hay censura. Pero agregó que su gobierno apoya un programa llamado “México Canta” donde se apoya a los compositores de temas más encaminados a la cultura y los valores.
Lo he dicho en anteriores colaboraciones y lo repito: Sería muy necesario que el Gobierno Federal instrumente además un cursillo obligatorio para todos los compositores del país, algo así como un requisito para darles licencia de compositor, donde se les informe cuáles son los efectos de la música sobre el comportamiento humano.
Está demostrado científicamente que los sonidos, la música, modifican el estado anímico de las personas.
Sócrates y los antiguos griegos ya lo sabían: Si escuchas música ruidosa y agresiva, te volverás ruidoso y agresivo, si escuchar música relajada, serás relajado.
Hay que hacerle como en la película “La Naranja Mecánica” (A Clockwork Orange, por su título original en inglés. Estrenada en 1971. Director: Stanley Kubrick. Protagonistas: Malcolm McDowell, Patrick McGee, Adrienne Com y Mirian Karlin), donde las autoridades someten al problemático y ultraviolento Pequeño Álex mediante un aparato de lavado de coco llamado “Técnica Ludovico”, para hacer que se convierta en una persona de bien.
Lo que pudiera ser paradójico es que para cometer todos sus atracos, el Pequeño Alex y sus drugos escuchaban música de Beethoven. ¡Imagínense qué hubiera pasado si escucharan las rolas de la Banda MS, de Peso Pluma y de tantos otros berreantes de narcocorridos, corridos tumbados y reggeton. Kubrick hubiera terminado demente.
El refrán estilo Pegaso dice así: “Con la sección de madero que dimensiones, serás dimensionado”. (Con la vara que midas, serás medido).

