Reynosa, Tamaulipas. (De las redes sociales). Hoy el escenario amaneció en silencio… como si las luces, de pronto, hubieran olvidado cómo encender. ![]()
Esta mañana, en medio de un acto de violencia que volvió a romper el aire, ahí estaba ella…Camila.
La niña de los ojos que abrazaban,
la sonrisa que llegaba antes que cualquier palabra y el corazón tan rosa que iluminaba todo a su paso.
En Apapacho, su presencia llenaba de luz cada escena, pero más allá del escenario, era luz en la vida misma. De esas almas que no solo interpretan… sino que sienten, que cuidan, que aman profundamente.
Hija ejemplar, hermana mayor extraordinaria, alumna dedicada, compañera entrañable.
Y también, una hija de Dios; siempre presente, siempre cercana, con una fe que se notaba en la forma en la que veía el mundo.
Hoy, las luces del teatro no encienden, pero sabemos que hay estrellas que no necesitan escenario para seguir brillando.
Nos unimos en oración por sus papás, por su hermanita Vale, por esa familia que hoy atraviesa un dolor que no cabe en las palabras.
No hay forma suficiente de abrazar una tristeza así… solo queda acompañar desde el amor, desde la fe, desde el silencio.
Y tú, Cami, te quedas aquí. En cada aplauso, en cada risa compartida, en cada niño y niña que sueña con subirse a un escenario.
Te quedas en nosotros. Para siempre. ![]()
Te amamos, niña bonita. ![]()
Tu familia de Casa Estudio Yolotzin y Apapacho.










