Por Pegaso
Lupita D’arresio le cantaba a los niños con una voz angelical. Era querida por los peques y su imagen era pura y cristalina. Hasta que conoció a un tipo bigotón y con cara de pocos amigos llamado Jorge Vargas, quien le hizo la vida imposible, la agarraba de a patadas en las donas, le sacaba la lengua y le hacía de chivo los tamales… hasta que se cansó.
Tras su separación, hubo una transformación radical. Casi, casi, como cuando Bruce Banner se convierte en Hulk o cuando el Dr. Jekill se transforma en Mr. Hyde. La descompuso el torvo sujeto y ya no hubo marcha atrás.
A partir de entonces, la cantante solamente interpretaba canciones de odio, de desamor, de venganza, de insidia, de despecho. Su carácter se fue agriando hasta quedar irreconocible. Se le conoció tiempo después como “La Leona Dormida”.
De su etapa angelical (foto), ¿Quién no recuerda aquella fantástica canción llamada “Mundo de Juguete”, tema de la novela del mismo nombre, estrenada en 1974. Director: Rafael Banquells. Protagonistas: Graciela Mauri, Ricardo Blume, Irma Lozano, Sara García, Evita Muñoz “Chachita” y Gloria Marín?
Otro clásico infantil fue “Érase una vez” (Aveba un bavoro, por su título original en italiano) y mi preferida: “Corazón Gitano”.
Tal cambio, radical, es muy común en las mujeres a quienes les rompen el alma y el corazón.
Recordemos también el caso de Vaquita la del Barrio, quien tuvo una vida muy cacheteada, con engaños, golpes y toda la cosa, lo que a la postre le avinagró el carácter y produjo joyas como “Rata de dos patas”, “Hombres malvados” y “Pobre Pistolita”, por citar solo algunos ejemplos clásicos.
Por tal motivo los hombres debemos pensar muy bien lo que hacemos cuando sostenemos una relación tormentosa, sobre todo, si son mujeres cantantes, que es donde más se nota el cambiazo.
Y lo digo por esa joven descarriada y boquifloja llamada La Venenito… no, perdón, Ángela Aguilar.
Ángela, integrante del clan Aguilar, cuya figura dominante fue por muchos años Antonio Aguilar, ya fallecido.
Pepe Aguilar, hijo de Antonio y padre de Ángela, le compró un esposo llamado Norroña…, no, perdón otra vez, Nodal.
Nodal, aunque no es un sujeto muy agraciado, si nos atenemos a otros artistas masculinos de buen porte y presencia, se ha pasado por las armas a una argentina llamada Canzú, a Berlinda y a Ángela. Canzú está más pintarrajeada que una barda de Reforma, además de no tener un cuerpazo, ni una buena voz, ni un rostro armonioso. Belinda, por otro lado, es muy hermosa, pero flaca, flaca, y Ángela tiene un buen cuerpo, pero la cara medio extraña: Trompuda, ojona y cabezona. Y según algunos medios chismosos de comunicación, está desnalgada y acostumbra ponerse almohadas para verse más buenona.
Total, que el pobre Nodal no agarra nada bueno.
Pero, y aquí está el intrínguilis, parece que Ángela está perdidamente encaprichada con él y lo considera de su propiedad. La última noticia que vi de ese culebrón, que inexplicablemente tiene una gran cobertura de medios, es que Nodal no se casará con ella por la iglesia y canceló la boda religiosa. ¡Pácatelas!
No puedo pensar qué va a resultar de eso. Si Ángela canta ahorita puros corridos tumbados y canciones beliconas, además de fusilarse temas de otras cantantes, ¿qué es lo que resultará de todo eso, si consideramos el “Efecto D’arresio”?
Lo único que me puedo figurar es que se va a dedicar a cantar metal pesado satánico apocalíptico dedicado a Nodalín.
Por el momento, y monitoreando el comportamiento de ‘Angela Aguilar a partir de ahora, nos quedamos con el refrán estilo Pegaso, cortesía de las damitas que entregan el tesorito, y luego su galán se vuelve ojo de hormiga: “¡En este momento me tornas a la condición inicial!” (¡Ahora me dejas como estaba!)

