Por Pegaso
Donald Trump, “El Trompas”, para los cuates, se me figura el gandalla del barrio o el bully de la escuela.
Grandullón, hocicón, abusivo. ¿Quién no, en su etapa juvenil se enfrentó a este tipo de sujetos?
¡Ahhh! Y siempre tienen uno o varios compinches que le siguen el juego y participan en la tortura para con los más débiles.
El Trompas, o lo que es lo mismo, Gringolandia, pensó que Irán era un país débil y que bastarían unos cuantos bombardeos para hacer que doblaran las manitas. Pero no. La víctima le salió respondona.
Hoy Gringolandia tiene su segundo Vietnam.
En el barrio y la escuela, cuando la víctima de bullying se arma de valor y contesta las agresiones, el abusivo se acobarda.
Eso es lo que ha pasado con El Trompas y todo su poderío militar, sus agencias de inteligencia y sus amenazas nucleares.
Irán, un país que se ha dedicado en las últimas décadas no a aumentar la prosperidad de sus habitantes, con todo el petróleo que administran, sino en lugar un increíble poderío armamentístico.
Sabedores de que llegaría un momento como este, el régimen de los ayatolas invirtió billones de dólares en desarrollar misiles y drones que pudieran contrarrestar los ataques israelíes.
Si la guerra del Medio Oriente que estamos viviendo actualmente fuera entre Irán e Israel, hace mucho que éste último hubiera sido borrado de la faz de la tierra.
Sin embargo, la intervención militar norteamericana evitó que eso sucediera.
Entonces, el régimen iraní invirtió en armas en lugar de desarrollo económico y social.
Muy diferente ha sido lo que los Emiratos Árabes Unidos han logrado en casi el mismo período de tiempo.
Ahí, el petróleo sirvió para edificar increíbles ciudades, como Dubai o Abu Dabi, con enormes rascacielos y una infraestructura urbanística digna de Las Mil y una Noches.
Esa es la diferencia.
En la Grecia antigua había dos ciudades que competían entre sí por la supremacía del Peloponeso. Una era Atenas, capital cultural, con fastuosas edificaciones y monumentos. La otra era Esparta, enfocada en obtener un poderío militar, a base de una disciplina férrea de sus ciudadanos.
Irán es la Esparta de nuestros días.
Estados Unidos no calculó bien la capacidad de respuesta de Teherán y la guerra se ha prolongado más allá de lo que esperaban.
La víctima le ha salido respondona y ahora tiene que hacerse para atrás, como el bully del barrio o el colegio.
Nomás no le digan a El Trompas que va perdiendo, porque como todo gandalla, perderá definitivamente el juicio y podría iniciar una guerra nuclear de catastróficas dimensiones.
Los dejo con esa reflexión y nos vamos con el refrán estilo Pegaso que dice: “¿Afirmabas que no detonabas, pequeña arma de fuego?” (¿No que no tronabas, pistolita?)

